GTP 2018. Luces entre las sombras.

La desilusión es un término para nuestra negativa a mirar el lado positivo.

Richelle E. Goodrich.

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Tengo que ser claro, mientras el autobús nos acercaba a la meta en Navacerrada a los que sucumbimos en Rascafría iba pensando que esta edición del GTP había sido una nueva decepción acaecida justo un año después de la retirada forzada por la fascitis en el UltraTrail de Lavaredo. Llegaba a esta carrera con muchas ganas de demostrarme a mi mismo que podía volver a correr ultras después de más de dos años luchando contra la fascitis y desafortunadamente no pudo ser.

Aun así aunque la carrera no hubiera cursado tal como la había planificado cuando llegue a casa mis primeros pensamientos ya eran cosa del pasado y era capaz de ver luces entre las oscuras sombras iniciales.

Días después, por casualidad, pude leer la cita de Richelle que arranca este relato y ¡leches! que bien definía lo que me había pasado. Siempre hay cosas positivas y yo, aun con la lesión y consecuente retirada creo que las había encontrado.

Pero empecemos por el principio. Apuntado desde Noviembre al GTP (si, hoy en día en las carreras de montaña hay que ser más rápido con la inscripción que corriendo) he ido preparándome durante todo el invierno aumentando los Km y dificultad técnica lo que las progresivas mejoras de mi fascitis permitían. En los últimos dos meses he tenido sensaciones bastante positivas, vamos que me veía con posibilidades reales de afrontar un reto así.

Y llegó la semana previa, por primera vez me había tomado el tiempo necesario para planificar y escoger con tranquilidad todo el equipamiento a utilizar. Así que dos días antes ya tenía todo el equipo seleccionado y organizado. Preparar todo el material y la estrategia de una carrera larga es un proceso que requiere dedicación y que, a mi al menos, siempre me genera nervios porque tengo la sensación que me estoy dejando cosas que echaré de menos en carrera.

A pesar de la experiencia que atesoro y aunque lo tenía todo preparado me notaba bastante nervioso, indudablemente más que otras veces. Al final un ultra trail es un aventura que nunca sabes a priori como se va a desarrollar (en ello está parte de su encanto) y en este caso, recuperándome de la fascitis,  menos aun.

Pero bueno, por fin llego el momento, la carrera salía el viernes a las 23:30 y llegue a Navacerrada a las 21:30h, con dos horas para coger la bolsa de corredor tranquilamente. Una vez en mis manos vuelvo al coche para terminar de revisar la mochila y ponerme el dorsal. Me sobra bastante tiempo así que decido descansar en el coche hasta poco antes de la salida. A las 23:10 salgo camino de la salida y a las 23:20 estaba pasando el control de material.  Allí me doy cuenta que todo el mundo tiene el chip atado a la mochila…ummm ¿pero el chip no iba en el dorsal?. Me confirma una voluntaria que no, que aunque el dorsal lleva una especie de chip este no vale, tengo que llevar el otro, que viene en la bolsa del corredor. ¡Cachis! Me lo he dejado en el coche y quedan 10 minutos para la salida. Momento de estrés. Tengo 10 minutos, lo mismo que he tardado en llegar a la salida desde el coche, para ir coger el chip, volver y pasar el control antes de que salga la carrera.

Vaya calentón que me pegué. Pero lo conseguí. Tres minutos antes de que se diera la salida estaba listo al final del pelotón, eso si con un buen calentón en las piernas. De todas formas no estuvo mal, la salida es toda cuesta arriba hasta el pico de la Maliciosa así que haber calentado no me vino nada mal ;-).

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La idea, antes de la carrera, era correr todo lo posible en este primer tramo para no ir al final del pelotón y más hoy que con la movida del chip estaba al final del mismo.  El motivo es que una vez que en el Km 5 se pasa de pista a sendero resulta muy difícil adelantar y tienes que adaptarte al ritmo del grupo en el que estés. En el GTP de 2014 íbamos al final del pelotón y el ritmo de subida a Maliciosa pero sobre todo la bajada fue muy lento para nosotros. No poder llevar tu ritmo, aunque sea más lento, es un gran problema y  desgasta mucho sobre todo en la bajada al tener que estar constantemente frenando y por tanto cargando los cuadriceps.

Así que salí corriendo y bueno el calentón previo hasta me vino bien, habiendo arrancado a sudar ya antes de salir los primeros minutos corriendo fui con buenas sensaciones. En el primer tramo todo el mundo corre, pero cuando ya llevamos 3Km la gente comienza a andar y ahí estaba yo con ganas y fuerzas para seguir corriendo. Hasta entonces no había pasado a mucha gente pero una vez llegado a la Barranca empece a adelantar a gente a docenas. Desde la mitad de pelotón hasta el final ya prácticamente todo el mundo va andando y corriendo no se para de adelantar.

Entre en el sendero que nos llevará por el Km vertical al pico de la Maliciosa en una buena posición para mi estrategia. Según vamos ganando altura el espectáculo de luces rojas y blancas es increíble. Por delante se ve las luces rojas de los primeros y por detrás se ve una interminable fila de luces blancas, buen indicativo este que he recuperado bastante posiciones desde la salida. En Navacerrada hacia bastante calor pero según vamos subiendo la temperatura va bajando, coronando sopla viento y las nubes cubren de niebla el pico. Corono clavando el tiempo que había planificado, increíble la precisión. Bajo un poco para buscar un sitio mas refugiado donde comer y abrigarme.

Me tomo un gel con cafeína. Cuando corrí en 2015 hice una buena primera parte de la carrera, pero me quede sin fuerzas en la segunda, donde sufrí mucho. Después de analizar que pasó creo que comí poco durante la carrera y me quede sin energias. Esta vez el plan es comer a menudo para mantener constantes las fuerzas. Por otro lado mi problema de siempre ha sido el sueño que me asalta de una manera brutal durante las últimas horas de la noche. Durante este año he estado informándome sobre las ventajas de la cafeína como excitante y sus riesgos, el tiempo que tarda en hacer efecto y las dosis necesarias a tomar. Como no me gusta el café toda la cafeína que tomaré vendrá de geles con cafeína y Cocacola y aquí según el plan tocaba el primero.

La primera parte de la bajada es bastante técnica y pendiente, toca bajar con cuidado y aprovechando los palos para desgastarme poco. La carrera realizada en los primeros Km ahora se agradece, bajo bastante cómodo con relativamente poca gente y todos bajando a un ritmo que me permiten no tener que estar parando constantemente. Después de bajar la primera parte más vertical echo la mirada atrás y de nuevo una espectacular serpiente de luces blancas baja por la parte mas vertical de La Maliciosa. Es una pena que con lo móviles no se pueda sacar una foto de lo que si ven los ojos porque la imagen es impactante.

Llego a Canto Cochino clavando de nuevo el tiempo planificado, sigo alucinando. Inicio la salida de la Pedriza por una subida corta pero muy vertical. Esta subida siempre se me ha atragantado. Una vez llega el final de esta exigente subida vamos por un tramo de sendero de sube-baja bastante fácil entre jaras.

Dado que hemos perdido bastante altura con respecto a la Maliciosa la temperatura ha vuelto a subir y vuelve a hacer calor para correr por lo que decido quitarme los manguitos y llevarlos en el pantalón por no  parar y abrir la mochila. Con todo lo que ha llovido este año en algunos tramos el sendero casi ha desaparecido comido por las jaras que ha crecido desmesuradamente.  Al pasar por uno de los pasos estrechos los manguitos se enganchan en una jara. Me distraigo volviéndolos a colocar y ¡Mierda! piso mal. Me acabo de torcer el tobillo. ¡Buff…que dolor! Intento apoyar y duele aunque afortunadamente puedo más o menos apoyar bien. He sufrido una buena torcedura en el pie izquierdo, pero dado que aunque sea con dolor puedo seguir apoyando continuo corriendo a ver si se va pasando. Solo estamos en el Km 20 😦

Al poco entro en una zona de bajada muy pendiente, gracias a los palos consigo bajar a buen ritmo. Sin los palos lo hubiese pasado mal en esa zona. Afortunadamente llegamos ya a la pista de La Hoya e intento correr, el tobillo me molesta algo pero puede correr sin problemas. Llego al avituallamiento de La Hoya de nuevo clavando el tiempo previsto. Como lo tenia planificado y bebo de nuevo Colacola. Me palpo el tobillo y solo me duele un poco en la zona superior y no lo noto hinchado, no quiero que se enfríe por lo no paro mucho y me pongo de nuevo en marcha.

La salida es cuesta arriba y aunque en entrenos lo hago a veces corriendo hoy no tiene sentido, toca andar y para eso el pie no me duele. En unos Km  la subida se suaviza y dado que los compañeros con los que voy comienzan a correr yo hago lo propio. No tengo malas sensaciones. La subida a Morcuera la hago gran parte corriendo, los compañeros que me hicieron arrancar se ha ido quedando atrás y me encuentro solo corriendo cuando vuelvo a pisar mal con el mismo pie pero ahora me lo tuerzo hacia dentro. :-(. Esta vez casi no duele, pero no me gusta la sensación que se me queda.

 

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Llego corriendo al avituallamiento de la Morcuera (Km 41) son las 6:50 de la mañana y de nuevo al ganar altura la temperatura unida a la brisa y algo de bruma hace que haga bastante fresco.  Las sensaciones del pie no son muy malas, pero al tocármelo noto, que ahora si, ha comenzado a inflamarse. Esto ya si que no mola, me da que este año se me ha acabado la carrera, ¡Quedan todavía 77Km, muchos estando en estas condiciones! :-(.

Como algo e intento pensar en el futuro de la carrera. Dado lo inflamado que está el tobillo no le doy muchas vueltas, este año no va a poder ser, decido abandonar. Podía haberme quedado allí mismo, pero he llegado al avituallamiento sudando y como he comentado en el puerto hace bastante frío, no me apetece esperar ahí al autobús, más si cabe  sabiendo que en el siguiente avituallamiento en Rascafría tengo la bolsa con ropa limpia que deje a la organización. Decido seguir, cambiarme de ropa y abandonar allí. Ademas así volveré a meta con mi bolsa evitando tener que ir buscarla otro día, que ya veremos si podría.

Inicio la bajada mientras termino de comer las ultimas provisiones que he cogido. La verdad las sensaciones del tobillo, no son ya nada buenas, en el poco tiempo que he parado se ha enfriado y ahora duele más. Intento correr en una ligera pista cuesta abajo, pero no puedo correr bien, unos Kms después empiezo a pensar que me he equivocado siguiendo, pero ya no me apetece volver sobre mis pasos. Me hago a la idea que tocará seguir exclusivamente andado y voy avanzando poco a poco. Los Km se me hacen largos y comienzan a adelantarme corredores.

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Según van pasando los Km voy a peor, la bajada se me ha hecho larga pero por fin llego a Rascafría. Entro al avituallamiento, informo de mi retirada a la juez-arbitro y tengo la suerte que justo llega el autobús para recoger a los retirados, me subo al mismo y de vuelta a Navacerrada. ¡Que largo se hace este viaje en el autobús!

Al llegar a Navacerrada bajo del autobús y ahora definitivamente después de casi 1h desde que paré no puedo ni apoyar el pie, voy cojeando malamente. Afortunadamente un pareja me pregunta si necesito ayuda y les sigo que si me acercan al coche se lo agradezco muchísimo. Dicho y hecho me recogen en su coche y me acercan al mío, estaba a unos 600metros, pero llegar a el hubiese sido una autentica tortura.

Una vez en el coche decido quitarme las zapas y calcetines y descubrir de una vez que tengo. Veo que el tobillo está muy hinchado :-(, pues nada tiro para casa para ducharme y al hospital. El diagnostico afortunadamente es que no tengo nada óseo y que es un simple esguince. Tocará, por tanto, descansar unas semanas.

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Ya de vuelta a casa y con el pie en alto, tocaba reflexionar sobre la carrera. Un esguince es un riesgo posible e inevitable cuando corres por montaña, por lo que poco se puede hacer y una vez que ocurrió yo puse todo de mi parte, corriendo casi 40Km, para continuar en carrera, pero una vez que se había inflamado y estando a tantos Km de meta no tenía sentido continuar.

En el lado positivo he conseguido dos cosas que llevaba tiempo anhelando:

  • Hacer 58km sin que la fascitis haga acto de presencia, eso me alegra enormemente, es otro pasito en la larga recuperación. Todavía no lo considero curado pero estoy mucho mas cerca.
  • No dormirme por la noche. Los cambios que he hecho en la preparación y la alimentación me ha permitido por primera vez en mi vida pasar una noche de carrera sin que el sueño me hundiera fisicamente. ¡Por fin!

Además con respecto a los ritmos he ido clavando los tiempos planificados para llegar a meta en 21h. Me retiré a 60 Km de meta y por tanto resulta temerario decir que lo pudiera haber conseguido pero aun con el esguince he ido cumpliendo los tiempos e incluso bajándolos algo en Morcuera. Vamos que en lo referente a lo físico me encontré muy bien. 🙂

Y hasta aquí llego el GTP 2018, el ser finisher de un ultra tendrá que esperar pero con las sensaciones que he tenido estoy convencido que llegará. 🙂

 

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De vuelta por la Senda Genero

El primer paso puede que no te lleve a donde quieres ir, pero te saca de donde estás.

Anonimo

 

 

Que rápido pasa el tiempo, desde principio de año no publicaba nada por aquí, pero eso no quiere decir que estuviera parado. Afortunadamente el pie va mejorando poco a poco y aunque sigue sin estar al 100% en los dos últimos meses, no se muy bien la razón, la mejora ha sido espectacular. Ello me ha permitido aumentar los entrenos montañeros, tanto en número como en distancia y volver a sentirme cómodo corriendo y solo pensando en disfrutar, olvidándome durante mucho rato absolutamente del pie, un gran síntoma.

Aun así todavía no me había atrevido a pasar de 25Km, no quería forzar más de lo necesario pero a solo mes y medio del GTP necesitaba probar, en una distancia larga, como se comportaría el pie.  Gracias a las sensaciones que estaba teniendo me veía con posibilidades de intentarlo y no solo me veía capacitado sino que necesitaba mentalmente probarme. ¿Podría volver a correr distancia larga? Aunque tenía muchas ganas tengo que reconocer que el reto me ponía nervioso.

Estuve pensado en las distintas posibilidades para hacer una tirada larga, pero desde hace tiempo en mi mente ya tenía un claro favorito. La senda Genaro que rodea el embalse del Atazar. Un recorrido que he realizado en múltiples ocasiones y que combina distancia, terreno variado y sin un desnivel brutal (aquí la ultima vez  Genaro Trail. Un año más vuelta a empezar). Una zona preciosa con mucho sendero en la primera parte y una segunda por pista muy corrible. Ideal para hacer en primavera y otoño. Y dado que este año el verano se ha resistido a entrar, era la ruta perfecta en el momento adecuado.

La previsión del tiempo para el sábado que había elegido era mala. Nublado hasta las 12h y el resto del día tormentas fuertes por la zona. Si ya estaba nervioso por el reto en si eso me hizo pensarme unas cuantas veces más si intentarlo o dilatarlo. Por fortuna la ilusión venció al miedo y, con el chubasquero en la mochila, me planté a primera hora de la mañana en El Berrueco. Ya no había marcha atrás, ahí estaba de nuevo y una vez comenzada la ruta sin posibilidad de marcha atrás ya que no tiene escapes posibles dado que el embalse del Atazar siempre está en el medio, era un todo o un nada. Los 50Km tenían que caer si o si.

Al menos el tiempo en estas primeras horas de la mañana acompañaba, fresquito y cielos prácticamente despejados, parecía increíble que en unos horas fuera a caer mucha agua. Empiezó la primera subida tranquilo, rodeado de campos verdes y vacas.

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Después de subir un pequeño cortafuegos, bastante zona de bajada por senderos rodeados de jaras que comenzaban a despertar mostrando un espectacular paisaje de flores hasta donde alcanzaba la vista.

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Disfrutando de los paisajes y la soledad del recorrido, llego en poco más de una hora hasta el turístico pueblo de Patones de arriba, desierto de turistas en estas primeras horas de la mañana.

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En la salida de Patones comienza la subida que nos debe llevar al punto mas alto de la ruta, desde donde podemos observar una preciosa vista de todo el embalse antes de comenzar una vertiginosa bajada  buscando el caudal del río Jarama que la presa acaba de dejar escapar.

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Cruzamos el Jarama sobre el rudimentario pero robusto puente que un año más nos recibe para que podamos cruzar sin mojarnos y de paso cambiar de comunidad. En los próximos Km estaremos entre Guadalajara y Madrid. Nada mas cruzar el puente, en medio de la nada, un gran cartel nos da la bienvenida a la Comunidad Manchega. ¡Que cosas!

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Hemos llegado a unos de los puntos bajos del recorrido así que de nuevo nos toca ganar altura por otro precioso sendero. Como todo el recorrido en esta zona la señalización de la senda es muy buena, casi imposible perderte, aunque vayas sin GPS o mapas.

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Después de poco mas de 3 horas llego al pueblo del Atazar. Como comentaba esta primera parte de la ruta es espectacular y no decepciona nunca. Han sido 25Km increíbles y lo mejor el pie sigue callado, parece que no tiene nada que decir 🙂

Esta vez la ruta la queria hacer en autonomía total, por lo que en la mochila llevaba toda la comida necesaria, eso si necesito cargar agua que me la da amablemente un trabajador del Canal de Isabel II que veo en el depuradora del pueblo.

Ahora, con mucha pista de bajada por delante, no hay excusas, toca correr. Al contrario que otras veces esta vez durante el camino he ido comiendo regularmente y me siento con fuerzas ¡Que buenas sensaciones!

Llego al río de La Puebla que alimenta al embalse desde donde, de nuevo, toca subir fuertemente por un bonito pinar de reforestación que se plantó para evitar la caída de lodos en el embalse. Objetivo conquistar el último punto alto de la ruta, la antena de comunicaciones de Robledillo de la Jara.

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Hasta aquí la lluvia me había respetado, pero llegando a las antenas comenzaron a caer las primeras gotas. Sin parar arriba tiro de para abajo para llegar a Robledillo de la Jara, con el miedo del agua que me puede caer. Durante la rápida bajada por sendero no paran de caer gotas sin mucha fuerza, pero tanto a derecha como a izquierda se ve que esta cayendo mucha agua y encima con aparato eléctrico.

Llego a Robledillo y me acerco a una fuente para cargar agua en la mochila, jeje con lo que parece que me va a caer resulta curioso pararme a coger agua ;-). En cualquier caso casi no paro viendo el percal que se avecina. Ahora toca un buen rato de pista. Nada más salir del pueblo empieza a llover con más fuerza. Dudo si ponerme el impermeable o seguir sin el, con lo que esta lloviendo sería lógico ponérselo, pero la temperatura es alta ,por encima de los 20ºC, y si me lo pongo voy a sudar bastante. Intento aguantar pero al final esta comenzando a caer tanta agua que no me queda mas remedio que ponérmelo.

Llego a la presa del embalse de El Villar. Poco antes hay una casa para que la gente que hace la ruta en varios días pueda pasar la noche, llego y espero a ver si para de llover. Afortunadamente en 5 minutos para algo y decido iniciar la marcha de nuevo.

Llegados a esta valla llevo 41Km y quedan 9Km para terminar. El pie más o menos bien . Lo noto pero no es dolor, no se muy bien como describirlo, no me duele ni tengo molestias pero lo noto presente.

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Este último tramo va pegado al Embalse alternando sendero y camino, un placer correr por aquí.

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Llego a este final de ruta con muy buenas sensaciones en lo físico, normalmente en este tramo corro muy lento y alterno con tramos andando, pero en esta ocasión lo hice practicamente todo corriendo a buen ritmo. La diferencia con respecto a otras veces es que esta vez he comido mucho más por el camino y parece que ha funcionado, he llegado al final con fuerza de sobra :-).

La entrada a El Berrueco por este sendero resulta un buen final de fiesta y si encima viene un caballo blanco a darte la enhorabuena pues mucho mejor :-D.

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Al final han sido 6:35h para completar los 50Km. Lo más sorprendente que conseguí mi mejor marca en este recorrido tardado 8 minutos menos que la última vez hace dos años cuando preparaba el UTMB. Increíble porque no creo que actualmente esté en mejor forma que entonces, pero eso es lo que dicen los números 😀

Sobre el pie pues no terminó mal, como comentaba no me dolía ni me molestaba pero se hacía presente en los últimos Km. Lo mejor llego después, por la tarde el pie no me dolía nada. Al día siguiente cuando me desperté por la mañana tenía la duda de que diría el pie al apoyarlo. Me levante con miedo, apoye el pie y …perfecto… como si el día anterior no hubiera hecho nada. ¡Ole! 😀

En resumen, aunque el pie no está todavía al 100% por fin puedo volverme a sentirme corredor de ultras ¡¡¡Que ganas tenía!!!! El siguiente gran paso el GTP. Cuando me apunte, con el pie tocado, aunque mejorando, llegar a punto a la cita era casi un sueño y ahora parece posible. 118Km es más del doble que lo que realicé este día, pero ahora lo veo posible, al menos el pie creo que no va a ser el obstáculo. El físico ya veremos, he entrenado menos que nunca para una ultra así, pero el haber batido mi récord personal en este recorrido me tranquiliza. En cualquier caso habrá que correr con cabeza para no sufrir como en el GTP de 2015 (crónica aquí).

No queda nada…..

 

Resumen 2017. Año de transición

“Hay un tiempo para dejar que las cosas sucedan y un tiempo para hacer que las cosas sucedan”.

Hugh Prather, escritor

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Buscaba como describir el año y me gustó la cita de Hugh ya que describe muy bien, pero al revés :), como ha ido 2017 en mi lucha por curar la maldita fascitis que me lleva acompañando ya dos años y que ha desplegado, en este 2017, su máxima expresión. Y digo que al revés porque el año se puede puede dividir en dos partes claramente diferenciadas. La primera queriendo llegar a los objetivos que me había puesto (tiempo para hacer que las cosas sucedan) y la segunda asumiendo la realidad, dado que después de todo el trabajo hecho en la recuperación de la lesión esta no avanzaba, tocaba dejar que las cosas sucedieran cambiando de estrategia para darle al cuerpo todo el tiempo que necesitara para recuperarse de las heridas.

Aun estando privado de poder correr durante muchas semanas que rápido se me ha pasado este año. Da la sensación que cada vez los años pasan más rápido y sin embargo echando la mirada atrás me doy cuenta de la cantidad de momentos buenos que han cabido, de nuevo, durante estos últimos doce meses.

Un año, este 2017, desde luego diferente a como me lo imaginé en diciembre de 2016 y por supuesto diferente de como han sido los diez últimos años. Por primera vez en lo deportivo no he podido colgarme ninguna medalla de finisher ya que me fue imposible terminar la única carrera que pude disputar este año.

El año empezó como terminó el anterior, con los problemas de fascitis que me obligaban a parar los dos últimos meses de 2016 y también el primer mes de 2017. A pesar de este contratiempo la ilusión de curarme la mantenía intacta por lo que termine apuntándome a Penyagolosa Trail (abril) y Laveredo (junio) con la esperanza que durante los meses que todavia quedaban el pie mejorara significativamente, lamentablemente esto no llego a ocurrir.

En febrero por fin, aunque con molestias, volvía a correr a la vez que seguía con los tratamientos para curar la fascitis. Las sensaciones iban mejorando con respecto a las del año pasado pero intentar pasar de 25Km era garantía de terminar con molestias. Ya puestos en marzo la cruda realidad me he hizo ver que a Penyagolosa no iba a llegar. Resulta muy frustrante sentir que aunque fisicamente estás muy bien (así me sentía), una “nimiedad” en el pie no te permite alcanzar tus metas. En fin como me sentía fuerte en lo físico seguía con la ilusión de poder llegar a Lavaredo.

Llegamos a este punto y visto que el tratamiento que estaba realizando con el fisio no avanzaba intenté cambiar de tratamiento probando la EPI que tan bien le ha ido a otros corredores. Este tratamiento es doloroso y cuando tienes una aguja clavada en la fascia del pie y recibiendo descargas eléctricas ves las estrellas. En fin solo la ilusión de poder correr otra vez puede compensar las sesiones recibidas en las que entraba andando y salía sin poder apoyar el pie durante dos o tres días.

Estuve entrenando durante Abril, Mayo y Junio incrementando paulatinamente los Km para ver hasta donde me aguantaba el pie. Llegue a hacer entrenos de más 30Km sin demasiadas molestias. Pero aunque lo intentaba ignorar notaba que las cosas no iban lo suficientemente bien para abordar una carrera de 120Km. El agresivo tratamiento de la EPI me permitió que mejorara la fascitis (me dolía menos) pero no me curó del todo. Después de ocho sesiones (lo normal son dos o tres) seguía teniendo dolor al correr y a dos semanas de Lavaredo decidí que hasta aquí habíamos llegado con la EPI.

En fin, teniendo ya el viaje organizado y acompañado de buenos amigos en junio decidí ir a Lavaredo, disfrutar del evento y de esas impresionantes montañas y ver si por casualidad, se cruzaban los astros y conseguía terminar.

La crónica de Lavaredo la podéis leer aquí. El titular: lo intente y no puedo ser.

De Lavaredo no me traje el chaleco de finisher pero si saque varias importantes decisiones con las que afronté la segunda parte del año.

  • Después de 14 meses, 2 podólogos, 4 traumatólogos, 3 físios, más de 45 sesiones de rehabilitación (probando distintas técnicas) y unas plantillas que no me sirvieron para nada creo que realice todo lo que estaba en mi mano para recuperarme siguiendo la medicina tradicional. Resultado mucho dinero gastado y muy pocos resultados. Conclusión: abandono esta linea de tratamiento.
  • Doy el año por amortizado y lo dedico solamente a recuperarme sin pensar en intentar más carreras durante el año.
  • Dejo de correr hasta que las molestias hayan disminuido considerablemente o prácticamente desaparecido. No tengo prisa, si hace falta un año, pues tocará esperar un año para volver a correr. Es posible que incluso más, ya veremos. No quiero ni pensar en que la lesión sea crónica.
  • Como no puedo dejar de hacer deporte, lo necesito para equilibrar el día a día, y aprovechando que estamos en verano y el tiempo acompaña decido volver al ciclismo.
  • Comienzo a realizar un rutina dos veces al día para estirar todos los grandes músculos de la pierna desde a la cadera hasta el pie haciendo especial hincapié en gemelos, soleos e ísquios.

Y con este nuevo plan pasé todo el verano. Volví a coger la bici que en los últimos años la había tenido bastante abandonada y volví a disfrutar como antaño de recorrer largas distancias a lomos de la flaca. No hay mal que por bien no venga y la obligación de coger la bici me permitió de nuevo enamorarme del ciclismo. Así cada finde caían etapas más largas, más horas en la bici y con cada vez con mejores sensaciones y disfrute. Así las cosas ni un Km corriendo cayó durante julio, agosto y septiembre pero he de confesar que al final no eché de menos correr. 🙂

A comienzo de septiembre comencé a notar que el pie mejoraba. Por fin ya podía salir a pasear con los niños por el monte sin estar cojo al terminar. Ello me animó enormemente. Seguramente el descanso ayudó en la mejora, pero creo que lo que más me favoreció fueron los ejercicios de estiramientos que seguía realizando todos los días. Después de tres meses realizándolos notaba la musculatura de la pierna mucho menos tensa y como consecuencia de ello parecía que la fascitis comenzaba lentamente a remitir. 🙂

A mitad de septiembre decidí que había llegado el momento de probar de nuevo. Muy lento al principio y con distancias cortas comencé a correr solo un día a la semana.  En las primeras carreras notaba algunas leves molestias en la zona que no parecían provenir de la fascia y las sensaciones eran bastante buenas. Por supuesto no deje los estiramientos diarios ni la bici que seguía siendo mi deporte principal.

A mitad de octubre decidí comenzar a realizar dos salidas a la semana y las molestias desaparecieron durante la carrera, ahora solo me molestaba después de correr y eran un poco más leves que el mes anterior. El tema pintaba bien. :-). Así poco a poco y mes a mes fui aumentando Km y sesiones semanales para terminar el año con 3 sesiones y entorno a unos 45-55Km semanales.

Esta es la gráfica de Km anuales donde se ven claramente las dos partes del año y la vuelta a la actividad.

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Terminó 2017 y las molestias siguen, aunque ligeras, estando presentes después de cada carrera pero sigo pudiendo correr sin dolor. Aun así todavía no me he me atrevido a superar los 25Km. Si la cosa sigue bien espero poder intentarlo en unos meses, ya veremos porque aun tengo bastante incertidumbre acerca de como puede evolucionar el pie en los próximos meses y aunque aparentemente el tema cada vez va mejor no termino de creerme que la fascitis pueda llegar a desaparecer de mi día a día

En cualquier caso que mejor forma de terminar este complicado 2017 que aprovechar mi estancia de vacaciones en Alicante para disfrutar coronando en siete días los picos que la rodean. Cabeçó, FontCalent, Migjorn y Maigmo cayeron por este orden para completar  64Km con +3800m. Un lujazo para terminar este complicado año y abrir nuevas esperanzas de futuro porque estos picos no los elegí la azar. Desde hace tiempo tengo pensado una ruta que los uniría para hacer en una sola etapa los cuatro, uno de esos sueños que se cocinan a fuego lento y que siempre permanece en la recamara de los sueños. Tal vez algún año caerá.

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Para 2018 intentaré volver a correr de nuevo alguna Ultra, el optimismo y la ilusión nunca se deben perder, y de momento estoy apuntado al GTP, carrera conocida y en casa. Espero llegar en condiciones. En cualquier caso pase lo que pase realmente el simple hecho de poder volver a salir a correr por la montaña, como ya estoy haciendo casi todos los fines de semana, es ya un premio impagable.

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Así que este año para Reyes tiré de poco original y solo pedí una cosa: salud.  Si esto no falta el resto seguro que llegará.

 

 

 

 

 

 

 

 

Alberto Contador. ¡Gracias!

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“Quiero que la gente disfrute en sus casas”
Alberto Contador. Después de la etapa 13 Tour de Francia 2017

No soy de adorar ídolos pero mi idilio con Alberto durante estos últimos años ha sido ciertamente especial. En un ciclismo actual donde todo está tan medido, donde los pinganillos marcan las reglas, donde casi no se ataca hasta el último Km de las etapas y donde, en mi opinión, se ha perdido parte de la épica que envolvía este precioso y esforzado deporte, ahí llegó Alberto para recordarnos gestas de antaño, demostrando que otro ciclismo todavía era posible.

Esta última Vuelta a España, también su última grande antes de su retirada, ha sido una demostración de todas sus virtudes. Ciertamente fue una pena que a las primeras de cambio en Andorra perdiera, en un mal día, todas las opciones a la clasificación final, pero a cambio hemos tenido el privilegio de ver a un Alberto demostrando todo lo que le hizo tan especial. Durante las dos últimas semanas de carrera ha buscado con ahínco recuperar el terreno perdido en busca del podio resultando en un corredor incomodo para todo el pelotón pero que por encima de todo ha sido un regalo para los espectadores que seguíamos apasionadamente cada etapa. Indiferente a la orografía del terreno o al tiempo un Alberto con ganas desaforadas de agradar a la afición junto con aficionados animándole en las cunetas de todas las carreteras configuraban un coctel explosivo que prometía espectáculo en cualquier momento. Y así fue ¡Vaya dos últimas semanas que nos ha regalado el de Pinto! Cuanto vamos a echar de menos los aficionados esa actitud combativa hasta la extenuación.

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Porque Alberto siempre ha entendido el ciclismo de una manera especial y lo decía repitiendo “el aficionado tiene que disfrutar con lo que hacemos,  para eso estamos”.  Y esa actitud no se ha quedado solo en fácil verborrea sino que lo demostraba constantemente regalándonos a los aficionados espectáculos grandiosos que entraban por derecho propio en el libro de la historia del ciclismo como grandes épicas o como desastrosos “fiascos”, si es que el intentarlo, dándolo absolutamente todo como siempre ha hecho Alberto, se le puede llamar “fiasco”, desde luego yo no lo comparto.

Atacar siempre es una maniobra arriesgada que muchos intentan retrasar hasta el último momento, así si se falla la caída no es tan grande pero Alberto no era de esos. Atacaba en cualquier momento aunque fuera lejos, estaba es su ADN y, claro, como todas las aventuras arriesgadas el resultado era incierto y aunque muchas se quedaran sin premio para el devenir de la carrera de turno siempre resultaban agradecidas por los espectadores, ávidos como estamos de grandes historias y hazañas.

Y siendo así Alberto no podía dejar el ciclismo sin antes escribir una nueva página. En la penúltima etapa nos regalo otra perla, su último gran ataque. De nuevo un ataque desde lejos, un ataque inimaginable para muchos, un ataque a priori condenado al fracaso pero sin dudas un ataque que solo puede surgir de genialidad y amor a un deporte. Arrancó en la bajada del penúltimo puerto “El alto del Cordal” lanzándose con todo en una espectacular y peligrosa bajada, llegando con menos de un minuto al comienzo del Anglirú. Durante la subida Alberto fue cazando a todos los ciclistas que iban delante para a 5Km de meta ponerse en cabeza de carrera con más de un minuto de ventaja sobre el pelotón y coqueteando con el podio en Madrid. La subida fue todo un ejemplo de espectáculo ciclista de alto nivel. Alberto entregándolo todo y dejándose llevar por los gritos de animo de todos los aficionados que poblaban la carretera junto con los más de 1.6M espectadores que seguíamos la carrera por TV y que también le gritábamos desde nuestro salón.

Alberto iba gestionando muy bien la distancia, pero a 2Kms el Sky con Froome y Poels dejan al ya pequeño pelotón de favoritos y comienzan a recortar distancias.  A menos de 1 Km para meta la ventaja era de solo 25″ y bajando, momento incierto. Los Sky volaban y Alberto comenzaba a ceder tiempo. Parece que quedaba poca distancia para que le pillaran pero en el Anglirú cada metro se hace eterno. La distancia se iba reduciendo pero el desgaste por intentar cogerle tambien hace mella en los perseguidores y finalmente Alberto consigue disparar su último tiro como profesional en el alto Asturiano.

gettyimages-Contador.jpgFoto: Getty Images

Gran final para un gran deportista al que los aficionados echaremos muchos de menos.

¡Gracias Alberto!

 

Tantos Kms y momentos encima de la bici dan para muchas anécdotas y situaciones de todo tipo, os dejo con esta entrevista que me ha gustado de Eurosport repasando momentos claves de su carrera.

 

 

Lavaredo Ultra Trail 120Km

El que adelante no mira, atrás se queda

Proverbio judio

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Llego el día y el momento de salir de nuevo a correr portando dorsal y a pesar de lo trabajado este invierno para recuperar el pie, la carrera llegó antes de tiempo. La historia no solo se escribe con victorias, también se hace historia en las derrotas. Porque si, en esta ocasión salí derrotado en la batalla. Lamentablemente por primera vez en una ultra tuve que retirarme a mitad de carrera. Cierto que fue una derrota previsible por las circunstancias en las que llegaba pero, aun así, no por ello resulto menos dolorosa.

En cualquier caso como dice el proverbio judío, que encabeza este relato, toca seguir mirando para adelante, porque aún en la derrota hay cosas positivas.  Hace un par de meses no podía correr más de 15Km y en Lavaredo cayeron 55Km. Una distancia que en mi espíritu ultra se me hace corta pero que me permite vislumbrar el futuro con la idea de que puedo volver a disfrutar de la montaña aunque sea en distancias más cortas. Placer que este invierno eché mucho de menos.

Sobre Lavaredo decir que es una gran carrera en un entorno privilegiado y maravilloso donde me gustaría volver. Esta lejos de casa, pero dado que me perdí la mitad del circuito y que me queda una cuenta pendiente en esas tierras espero poder volver algún día.

Viajamos en avión a Venecia, a la que tuvimos la fortuna de admirar desde el aire cuando el avión la sobrevolaba. Una vez en el aeropuerto alquilamos un coche y en dos horas estábamos en Cortina D’Ampezo. El trayecto en coche resulta sorprendente por el gran contraste de pasar de las llanuras de Venecia a montañas muy verticales en pocos km.

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En Cortina nos encontramos con un bonito pueblo de montaña volcado con la carrera y que estaba lleno de carteles dando la bienvenida a los corredores.

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Pero para bienvenidas la que nos dió el tiempo. Aparcamos el coche en la puerta del hotel y al bajarnos vimos que las nubes negras que cubrían el cielo avisaban de lo que podría venir. Hicimos el “check-in” subimos a la habitación y vemos que comienzan a caer las primeras gotas, pues nada, pensamos que estábamos ante la  típica tormenta de tarde de verano en la montaña.

Las primeras gotas van aumentando en intensidad hasta que literalmente no vemos a más de 15metros, la columna de agua que esta cayendo es increíble. Ni en las gotas frías de alicante he visto caer tanta agua de golpe. Para correr en montaña la organización exige un impermeable que aguante de una columna de agua de 10.000mm. Con lo que estaba cayendo si te pilla en montaña da lo mismo lo que lleves, no hay ropa técnica que pueda soportar ese diluvio.

Cuando estábamos ya con la boca abierta por el brutal espectáculo el agua dio paso a un granizo del tamaño de canicas. Se dice que el granizo cae del cielo, pero este no era el caso, yo diría que más bien era lanzado desde el cielo. La fuerza con la que caía era brutal. El balcón estaba precioso decorado con geranios llenos de flores. Después de unos minutos de caer piedras solo quedarón pequeñas ramas desnudas de cualquier flor.

Y este fue el resultado que recogimos en el balcón, una auténtica colección de piedras del tamaño de canicas.

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¡Acojonados nos dejo el recibimiento! Si una lluvia o granizada así nos ocurre mañana por el monte… bufff, no queríamos ni pensarlo pero simplemente del miedo de que un evento así nos pillara en plena montaña nos entraba la risa nerviosa.

Afortunadamente como toda tormenta de verano al final paso y pudimos bajar al pueblo a dar una vuelta y admirar un pueblo blanco por el granizo que vestía sus calles.

A la mañana siguiente nos despertamos tranquilos, desayunamos y a por el dorsal. Que gusto poder revivir todo ese protocolo de recogida de dorsales, feria del corredor y todo el buen ambiente que allí se respira.

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Después de recoger todos los trastos y hacer algunas compras, volvemos al hotel para dejar las cosas. Paseo por el animado pueblo y a comer pronto en la pasta-party. Por la tarde tocaba intentar dormir para afrontar la noche lo más descansado posible.

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Después de la siesta, fuimos a cenar también pronto y ya si sin más dilación a cerrar los últimos detalles antes de bajar a la salida.

Y por fin llego el momento de volver a sentirse corredor, de volver a sentir los nervios por lo que se avecina, pero también, aunque parezca contradictorio mucha tranquilidad porque sabes que estas ahí, que vas a salir y después de todo el duro invierno ahora solo queda disfrutar haciendo lo que más te gusta.

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Puntualmente  a las 23:00 suena el pistoletazo de salida. No hemos conseguido colocarnos delante y vamos al final del pelotón. Jose, Antonio y Jorge aprietan y ponen buen ritmo, les sigo sin problema pero no sin esfuerzo. Vamos adelantando a gente y tengo que concentrarme para no perderles de vista. Van un poco mas rápido de lo que yo quería. Ahora pensándolo tal vez les tenía que haber dejado ir, pero en ese momento solo pensaba en intentar mantenernos juntos.

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Llegamos a las primeras cuestas. Suben rápido y me cuesta seguirles. Llevan un buen ritmo y continuamos adelantamos corredores aunque el terreno por el que vamos con senderos estrechos y en pendiente hace difícil adelantar. A pesar de que yo también voy pasando corredores cada vez me meten más gente en medio. Empiezo a ver que hoy no puedo ir mas rápido y comienzo a relajarme y buscar mi ritmo.

Terminamos de subir y en medio de la primera bajada importante veo que Antonio y Jorge han parado, me quedo a esperarles, no se muy bien porque ya que ellos iban mucho mejor que yo. Recobramos la marcha y Jorge tira a todo trapo cuesta abajo. Yo prefiero ser prudente e intentar castigar lo menos posible el pie. Todavía no me duele, pero en la bajada cada vez que no hago un pisada perfecta me avisa que ahí está.

Aun así dejo atrás a Antonio, que prefiere bajar aun más conservador. Un espejismo, en cuanto termina la bajada hay una zona de falso llano picando hacia arriba donde se puede correr, en seguida me pilla y pone ese punto de velocidad mínimo pero lo suficientemente más rápido que el mío para que me resulte suicida intentar seguirle.

Le dejo ir y busco de nuevo un ritmo cómodo para mi. Llevamos casi 20Km y el pelotón se ha estirado bastante. Sigo adelantando gente pero ahora también me están adelantando a mí, aun así  el saldo sigue siendo positivo, sigo ganando posiciones.

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Llego al avituallamiento de Ospitale, son la 1:30h. Al final entramos casi juntos los cuatro, solo separados por unos segundos, así que nos volvemos a reagrupar pero a la salida más de lo mismo. Llevo un ritmo algo inferior y poquito a poco los voy perdiendo en la oscuridad.

Corono la Forc. San Forca y de nuevo mucho terreno hacia abajo. Como siempre, cuando estoy en la parte nocturna, pienso la pena que es estar corriendo por un lugar que aparenta ser espectacular y no ver nada mas allá de luz del frontal.  En cualquier caso siendo necesario hacer noche, indudablemente mejor hacerla al principio que suele ser más llevadero o eso pensaba entonces. En la bajada de nuevo me encuentro con los problemas de la anterior, si intento bajar rápido el pie se resiente, así que bajo con una marcha menos de la deseada, hoy el pie manda.

Llego al avituallamiento de Federavecchia, son casi las 4:00h. Este es el primer punto de control y llevo 1:30h sobre el tiempo de corte, así que voy bien. Allí está Antonio que me comenta que Jorge y Jose acaban de salir. A estas alturas ya no tengo prisa e intento comer tranquilo antes de afrontar la segunda subida del día. De momento el saldo es positivo voy bien y el pie aguanta.

Salgo un poco antes que Antonio hacia el siguiente destino: el lago de Misurina. Comienzo la nueva subida avanzando con ganas, aun así al poco me vuelve a coger Antonio y como antes se me va yendo poquito a poco. No subo a mal ritmo pero las sensaciones no me gustan, sigo avanzado pero me empiezo a notar sin fuerzas. Me tomo un gel con cafeína que me dio Jose a ver si me levanta el animo, pero no hay manera voy cada vez mas lento e irremediablemente me empiezan a adelantar corredores, muchos corredores. Aunque no me parece que vayan muy rápidos me veo incapaz de seguirles. Mientras tanto ha empezado a amanecer y por fin comenzamos a ver las impresionantes montañas que nos rodean.

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Ando mosqueado, no se exactamente que me esta pasando, no tengo sueño como en otras ocasiones, pero tengo el mismo bajón, o incluso diría que peor, que me acompaña todas las noches de carrera.

Llego al Lago Misurina preocupado, llevo 38Km de carrera y estoy fundido. Miro el móvil y veo que Antonio y Jorge ha pasado 6 minutos antes y Jose hace 15m. Con las malas sensaciones que tengo  no me han sacado tanto. Intento positivizar.

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Decido sentarme tranquilamente en un banco al borde del lago, saco algo de comida de la mochila y como tranquilo intentando recuperar fuerzas. Después de unos 5 minutos decido ponerme en marcha aunque sigo sin encontrarme bien.

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Durante la subida sigo sintiéndome débil y aunque menos que en el tramo anterior me siguen adelantando corredores :-(. Sigo sufriendo casi una hora más, hasta que milagrosamente, comienzo a encontrarme mejor. El sol ha salido completamente, creo que mi cuerpo ha entendido que empieza un nuevo día y comienza a despertarse. Es la primera vez que sufro estas malas sensaciones, las ultimas horas de la noche siempre lo paso mal, pero lo raro esta vez es que no he tenido sueño, no se me cerraban los ojos pero el bajón físico ha sido histórico.

Ya recuperado comienzo a recuperar mi ritmo habitual y consecuentemente comienzo a adelantar corredores, me noto lleno de fuerza, como si acabara de salir. Alucino ahora con estas sensaciones, es pasar de un extremo al otro :-O.

ph-LeoBrogioni_LUT2017-2569_2.jpg Foto de Leo Brogioni

La verdad que tuve una carrera rara. Cuando por fin fisicamente me encontraba bien , el pie aprovechó para empezar a quejarse. ¡Estupendo! ahora que me siento bien el pie pide su cuota de atención, parece que el tambien estaba dormido y ahora ha despertado.

Sigo subiendo con buenas sensaciones físicas y según voy ganando altura las vistas son maravillosas.

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Paro un par de veces en mitad de la subida, me siento en un piedra y simplemente admiro el paisaje y pienso en mi futuro en esta carrera. Llevo casi 50Km y el pie cada vez me duele más. No es un dolor insoportable todavía pero va a más y quedan muchos kilómetros. Solo un idea ronda en mi cabeza…después de todo el invierno casi por sin poder correr por la fascitis y aún sin haberme curado de la misma no quiero arriesgarme a dar marcha atrás a la recuperación que parece va asomando y el fantasma del abandono, por primera vez en una carrera, ronda mi mente.

Mientras voy pensando sigo subiendo, a pesar del dolor del pie, muy cómodo en el aspecto físico. El refugio ya se adivina a pie de montaña.

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Finalmente a pocos metros antes de llegar al refugio tomo la decisión de abandonar en este punto. Mirando el recorrido después de coronar hay casi 16Km de descenso y sería un castigo excesivo para el pie. Dado que es estas condiciones parece difícil plantearse hacer los 70Km que me quedan hasta la meta no le veo sentido castigar más el pie para terminar abandonando unos Km más adelante. Aun así a 3 Km del refugio se encuentran las tres cumbres de Lavaredo que dan nombre a la carrera. Sería un pecado estar aquí y no llegar a ellas.

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Llego al refugio Auronzo a las 8:00h. Paro a desayunar tranquilamente en el avituallamiento y por curiosidad miro el móvil para ver a cuanto tengo a los compañeros. Jose ha pasado hace 1:15h, Jorge hace 1:07h y Antonio hace 53m. Lo mal que lo he pasado en este ultimo tramo, esta vez si, se ha visto reflejado en el reloj. También veo que desde Federavecchia me han pasado 181 corredores y eso que en cuanto me desperté he ido recuperando posiciones. ¡Vaya pedazo pajarón que he sufrido! A pesar de ello había elevado el tiempo de corte hasta las 2:30h :-O, en fin ya no sirve para mucho.

Salgo del refugio por un pista preciosa sabiendo que mi carrera ha acabado aquí pero un poco resistiendo a este ya decidido final, no digo nada en el punto de control y continuo a las Cimas de Lavaredo. Aprovecho para tomar un ibuprofeno pero por el tipo de dolor creo que esta vez no me va a ayudar.

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Solo busco coronar no veo un objetivo más allá. ¿O no? Lo tengo decidido pero me cuesta asumirlo y menos cuando sigo todavía en carrera al no haberme retirado en el refugio. Continuo avanzado cada vez con más dolor en el talón y sin embargo sigo adelantando corredores, que avanzan mucho mas lentos que yo.

Llego a las cimas de Lavaredo y las vistas son impresionantes, sin duda ha merecido la pena subir aquí arriba.

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Busco, de nuevo, una piedra separada del camino para admirar el paisaje y pensar. De reojo miro las vistas al valle por donde ahora sigue la carrera y sobre todo a la preciosa pista que baja al mismo.

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Ahí estuve sentado un buen rato, tampoco tenía prisa. Cuando me levante incluso comencé a bajar unos metros la pista pero finalmente la cabeza venció al corazón, con los Kms que quedaban no tenía sentido seguir.

Así que en el mismo punto que da nombre a la carrera las tres cimas de Lavaredo tuve que plantar pie a tierra e interiorizar que esta vez, por primera vez en un ultra, no iba a ser Finisher. Los milagros en el deporte pocas veces existen y después del año que llevaba realmente era un final previsible.

La vuelta al refugio, por no hacerla por la misma pista por la que había hecho la subida opte por hacer por un sendero que había visto mientras subía. El sendero  tenía bastante pendiente y una vista espectacular de la pista por donde iba la carrera y por donde continuaban subiendo corredores. ¡Que envidia!

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No se si fue una manera de autojustificarme pero esta bajada me ratificó que había hecho bien. El pie con cada pisada seguía quejándose amargamente. Poco antes de llegar de nuevo al refugio voy encontrado con corredores y senderistas que suben y todos me dicen lo mismo,  ¡La carrera es en sentido contrario!, si lo sé, si lo sé….

Llego al refugio e informo a la organización de mi retirada, se apuntan el dorsal y me toca esperar al autobus que baja a los corredores retirados a Cortina. Mientras llega tengo tiempo de recrearme una vez más con las vista de las montañas que nos rodean.

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La vuelta a Cortina es triste, todo los que vamos en el autobús por una u otra razón nos hemos visto condenados a no poder terminar la carrera y el cabreo se percibe en el ambiente. A las 11:30 llegamos a Cortina y poco antes de las 12:00h ya estoy en el hotel con toda la mañana por delante. Me ducho y ahora ya no tengo todo nada que hacer. Miro por donde van los amigos y veo que puedo llegar con facilidad, después de comer, al Refugio Col Gallina (km 95), verles pasar por allí y ayudarles si necesitan algo.

Dado que ya no corro, me dispongo a disfrutar la carrera desde la vertiente de acompañante o “supporter”, una experiencia nueva. Cojo el coche y subo al refugio, solo es media hora de coche pero madre mía que cantidad de tráfico y que mal conducen los italianos. En un carretera de montaña con muchísimas curvas y un densísimo tráfico de bicis, motos, coches y caravanas la ley del mas fuerte manda en la carretera. No se como subían tantas bicis, el recorrido era preciso pero resultaba agobiante y muy peligroso por el infernal tráfico. En esas condiciones no me gustaría estar subiendo el puerto en bicicleta.

Llego al refugio agobiado por el tráfico. Ahora tocaba esperar pero no fue mucho, enseguida veo aparecer a Jorge. Nos fundimos en un abrazo y me cuenta lo dura que esta siendo esta carrera y yo con una envidia que no veas. Algo de masoquismo tiene este deporte.

Al poco llega Pez tambien muy cansado y hablando de la dureza del recorrido.  Después de recobrar aliento en el avituallamiento parten los dos a por la parte final de la carrera, con fuerzas y muchas ganas. Siempre positivos. ¡Que grandes!

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Como esperar a Antonio en el refugio me aburre comencé a hacer el camino en sentido contrario a la carrera pero enseguida me cruzo con Antonio y le acompaño hasta el avituallamiento. De nuevo la misma versión: que carrera más dura. Todos cuentan lo mismo, si va a ser que es verdad y no lo dicen para no darme envidia de que yo no pueda disfrutar de tanto sufrimiento ;-).

Después de dejar a Antonio camino de la siguiente subida bajo de nuevo al hotel en Cortina.  Ya solo queda esperar a que lleguen a meta. Aprovecho para intentar dormir algo y vaya si dormí, tanto que cuando desperté Jorge y Pez estaban a punto de entrar en meta. Baje apresuradamente del hotel pero ya me los encontré en las calles aledañas. ¡Mierda! Me hubiese gustado estar ahí. Cuando Antonio llegó una media hora más tarde yo estaba con Jorge y Pez en el hotel, así que tampoco pude le puede ver entrar ¡Que mal! Al final no vi entrar a ninguno de ellos victorioso bajo el arco de meta, esta claro que me falta práctica como acompañante :-(.

Ahora sin más fechas comprometidas en el calendario, no tengo ninguna presión para recuperar el pie y me voy a tomar todo el tiempo que necesite para intentar volver en condiciones. Porque aunque tengo algo personal pendiente con estas montañas que indirectamente me derrotaron y que algún día me cobraré, lo tengo aun más con todas y cada una de las montañas cerca de casa que no quiero dejar de explorar, recorrer y disfrutar.

¡¡¡Volveré!!!!

 

Correr no es de cobardes ¿Tal vez de niños?

Estos últimos meses, privado de mis regulares visitas a la montaña, me ha sido imposible escribir sobre lo que allí vivo y disfruto pero afortunadamente nada me impide seguir escribiendo. A falta de experiencias y sensaciones que compartir os dejo este relato corto esperando y deseando que la próxima entrada de este blog sea por fin para hablar de correr y montaña.



Era un día normal. Un día como otro cualquiera. Un día rutinario en el que todo parecía repetirse con cruel exactitud como si se tratara del mismísimo Bill Murray en la película Atrapado en el tiempo. Una vez más, poco antes de la cena, se preparaba para salir a correr. Hacía tiempo que no corría por un objetivo cercano, plausible, medible o claro. Simplemente salía. Ponerse las zapatillas se había convertido en una rutina más en su monótono modo de vida. Después de muchos años de perseguir y batir marcas en estos momentos la falta de motivación le empujaba simplemente a salir a correr de manera mecánica, casi sin ganas.

Como un ritual repetido cientos de veces abrió el cajón del armario donde guardaba, perfectamente ordenada,  toda su ropa de correr. Un vistazo rápido y en un momento tenía en su mano la ropa adecuada para el tiempo, ya fresco, que hacía en esa primera semana de noviembre.

La visita al zapatero le llevó algo más de tiempo. Ayer había recibido unas nuevas zapatillas compradas por Internet. El complicado día que había tenido en el trabajo le había hecho olvidar que junto a las zapatillas que le habían acompañado los últimos cinco meses, y que ya comenzaban a mostrar signos de vejez, le esperaban estas otras. Breve momento de indecisión antes de decidir que hoy no tocaba estrenar. Realmente tampoco le hacía mucha ilusión.

Al salir del portal la casualidad hizo que se cruzara con unos vecinos que venían de la calle con su hija de tres años. Un encuentro imprevisto que, aunque él no lo sabía, iba a cambiar su día, tal vez su vida. La niña se le quedó mirando fijamente como solo los niños, sin vergüenza ni prejuicios, son capaces de hacer. Un saludo cortés salió de su boca sin más intención que cumplir con el protocolo básico de educación cuando de repente y de la manera más inesperada la niña, normalmente muy callada, balbuceó unas palabras que él no consiguió llegar a comprender. Ante su falta de respuesta la niña insistió y volvió a repetir sus palabras, esta vez en tono alto y claro:

-¿Vas a correr? ¿Por qué corres?

Lo primero que se le ocurrió fue un triste y fácil porque sí pero se abstuvo. Odiaba que la gente fuera incapaz de defender con razones lo que hacía y esa respuesta no estaría a la altura que él exigía. Fue un momento violento, normalmente era una persona de respuesta fácil pero la inesperada pregunta de una niña de tres años le había dejado la mente en blanco y solo se le ocurrió un socorrido:

– Voy a pensarlo y mañana te lo cuento.

Salió del portal sin mirar para atrás, con la pregunta de la niña dándole vueltas en su cabeza y molesto por sus propias palabras que sonaban más a una excusa que a una respuesta. No hacía más que preguntarse como él, que llevaba años corriendo, no había podido responder a una pregunta tan simple e inocente.

Hombre de costumbres fijas una vez en la calle siempre seguía fielmente una serie de pautas antes de dar la primera zancada. Primero encendía el GPS para a continuación pasar a apretarse las zapatillas mientras el reloj cogía la señal de los satélites. Una vez todo listo una rápida pulsación del botón de “START” y a correr. Pero esta vez su cabeza seguía sumida en busca de una respuesta y comenzó a correr sin apretar el botón de inicio del GPS, cuestión de la que no se percató hasta diez minutos después. Otro día eso le hubiese cabreado de sobremanera, pero hoy no, su mente seguía absorta en un único pensamiento: ¿Por qué corro?

Mientras que de manera autónoma y sin mayor atención por su parte sus piernas lanzaban zancadas alternativamente  él seguía dándole vueltas al asunto y ante la falta de una respuesta optó por tratar de hacer memoria.

– ¿Cuándo comencé a correr? ¿Por qué? ¿Con quién? ¿Dónde?

Inesperadamente las preguntas le comenzaron a traer muy buenos recuerdos. Recuerdos que tenía guardados y casi enterrados en lo más profundo de su ser y que sin la pregunta de la niña, tal vez, nunca hubieran vuelto a aflorar pero sí, ahí estaban. De inmediato su cara comenzó a dar muestras de los extraordinarios momentos que estos recuerdos le afloraban y su boca dibujó una incontenible sonrisa.

Una serie de acontecimientos en su vida le había hecho caer en este este estado en el que se encontraba, donde nada le importaba, donde todo le costaba y en el que con nada realmente disfrutaba. El pasotismo al que le abocaba dicha actitud hizo que fuese perdiendo el contacto con amigos y se fuera cerrando en sí mismo, buscando actividades en las que la relación con otras personas fuese inexistente. Hasta entonces correr siempre lo había entendido y disfrutado como un deporte social pero en estos últimos meses, reflejo fiel de lo que era su vida, había terminado llevándolo al extremo más solitario.

Comenzó a recordar esos primeros pasos, casi con las mismas dudas que un niño cuando comienza a andar, descubriendo como correr no resultaba tan monótono como siempre había pensado. Esos amigos con los que compartía km, experiencias, problemas y logros. Y revivió ese estado de felicidad y buen rollo que rezumaba a borbotones en todo el grupo de corredores. Era una maravilla oír al serio director de banco hablar de sus nuevas zapatillas que le darían esos segundos que le faltaban para batir su récord personal. Ese otro agente de seguros al que le brillaban los ojos mientras te contaba esa carrera que tenía pensado hacer este verano en el Norte de Alemania. Esa funcionaria, con rostro serio y poco amable, que pasaba las horas sellando papeles detrás de una ventanilla pero que se convertía en la persona más extrovertida y alegre cuando se calzaba las zapatillas. Adultos olvidándose de su condición y obligaciones de su edad para volver a sentirse niños. Definitivamente sus caras ilusionadas les delataban.

Había comenzado a subir una colina, la misma colina que subía todos los días, pero ahora todo era distinto, todo sabía mejor. Una vez arriba se paró, levantó la vista y vio como el horizonte le regalaba una espléndida puesta de sol.

No pudo más que sentarse a admirar aquel regalo. Y casi sin querer un lágrima, que comenzó a salir de sus ojos aunque manaba directamente de su revivido corazón, recorrió su mejilla. En ese mismo instante sabía que algo había cambiado dentro de él. De golpe recordó que la vida se vive una vez y que con su actitud actual la estaba desperdiciando.

Cogió su móvil y buscó en la agenda a Manuel. Hace tiempo su mejor amigo y del que se apartó cuanto comenzó a aislarse. Tenía el número en la pantalla pero una especie de miedo y vergüenza le frenaban a pulsar el botón de llamada. Tras unos segundos de indecisión para sumar valentía consiguió reunir las fuerzas necesarias. Sonó el primer tono, luego el segundo y con cada nuevo tono sus temores, no sabía muy bien a qué, se incrementaban. Tercer tono, cuarto tono y de pronto Manuel descolgó.

– Hola. ¡Cuanto tiempo!

Su tono no reflejaba resentimiento, más bien sorpresa y muchas ganas de volver a hablar. La conversación fue larga y amistosa como si sus vidas nunca se hubieran separado y terminó, cómo no, quedando para recordar viejos tiempos corriendo por el parque al día siguiente. Con la ilusión recobrada qué largas se le iban a hacer las horas hasta el reencuentro. Resultaba increíble como una simple pregunta de una niña le había cambiado y le había hecho recuperar de nuevo la ilusión que una maldita depresión le había arrebatado.

El reencuentro que fue un punto de inflexión y el salvoconducto para volver a compartir horas con Juan, Ana, Fernando, Isabel y todo el pelotón….toda esa gente que durante muchos años fueron casi como parte de su familia. Una costumbre que nunca debió perder.

Unos días más tarde volvió a encontrarse en el mismo portal con Marta, la niña que inocentemente comenzó todo.

– Muchas gracias Marta.

La niña se le quedó mirando con cara de no entender por qué le daba las gracias. Seguramente ni se acordaba de la pregunta que le lanzó unos días antes pero él con la mejor de sus sonrisas continuó:

– Corro porque es como un juego para mí. Un juego que me permite evadirme de mi condición de adulto para volver a sentirme niño como tú. Ilusionándome con cada detalle, magnificando cualquier objetivo y todo mientras me lo paso en grande con mis amigos. Muchas gracias Marta por recordármelo.

Volver a nacer…para el running

Quien no está ocupado en nacer, está ocupado en morir.

Bob Dylan

 

Mirando al infinito

Ha sido complicado ver pasar este largo invierno sin poder recorrer mi tan querida y, ahora me doy cuenta, necesaria montaña. Además este invierno ha sido abundante en nieve en las cumbres altas de las montañas y ver todos los días las montañas blancas y pensar que la lesión me impedía pisar ese manto blanco, ¡bufff!…. ¡como se echa mucho de menos!.

Durante solo meses, pero que han parecido años, no llegaba a atisbar el final de este paro forzado pero por fin parece que el pie está decidiendo que se había cobrado, al menos una parte, del precio por los largos entrenos del 2016 y está volviendo, poco a poco, a permitirme ponerme de nuevo en marcha.

Leia hace unos días sobre el origen de las matemáticas y como el hombre desde tiempos inmemoriales ha sentido la necesidad, incluso antes de inventarse los números, de medir y cuantificar lo que le rodea. Y ahí me sentía yo identificado siempre midiendo los entrenos, no porque sea metódico en seguirlos, nada mas lejos de la realidad, sino por que el propio pique conmigo mismo me empuja a fijarme en los números hechos y querer siempre un poco más.

Así, si antes hacer una salida de menos de 10Km era una salida que no merecía la pena, no sumaba casi, Lo que son las cosas…ahora después de casi 3 meses sin correr poder hacerlo durante 25 minutos para recorrer 4Km y poder volver a sentirse corredor, aunque sea simplemente en el parque al lado de casa, es una bendición de dioses. Un regalo que no tiene precio y que me ha hecho disfrutar como hacia tiempo que no recordaba. Así pues parece ser que las matemáticas del running no resultan siempre exactas, el disfrute de solo esos 4Km fue mayor que salidas de muchos Km de antaño..

Lo más curioso que al día siguiente no me podia mover y no por la fascitis sino por las agujetas, benditas agujetas :-). Es increíble, unos pocos meses sin correr y al día siguiente las piernas doloridas, en cualquier caso pocas veces recuerdo un dolor más dulce.

Poco a poco he ido aumentando la distancia y el tiempo. La fascitis daba la sensación de ir yendo a mejor o eso queria pensar pero no me termina de abandonar y hay días mejores y peores. Al menos poder ir corriendo, aunque sea poco mientras va mejorando, me tranquiliza bastante.

Y así las cosas hace unas semanas me atreví a volver a correr por el monte por un recorrido fácil y casi sin cuestas. Es verdad que con no muy buenas sensaciones en la fascia pero sorprendentemente increíble sensaciones a nivel físico igualando tiempos del pico de forma del 2016. Parece que la bici ha servido de mucho, vaso siempre medio lleno :-).

He seguido corriendo desde entonces, pero las sensaciones del pie, no terminan de mejorar y he optado por cambiar el tratamiento y probar con la EPI que buenos resultados ha dado a otros corredores. Parece que la cosa ha mejorado algo, pero sigue arreglarse del todo, habrá que seguir teniendo paciencia, que remedio…

Hoy he probado en la montaña, con un recorrido serio, subiendo a la Maliciosa para completar 25Km con +1500m y de nuevo bien de físico pero el pie ¡Pufff! seguimos con dolor…que largo se está haciendo esto.

En cualquier caso volver a correr por la montaña me ha recordado por que adoro estar en  ahí y eso no hace otra cosa que recordarme que hay que seguir luchando para recuperar, como sea, ese pie.