Resumen 2017. Año de transición

“Hay un tiempo para dejar que las cosas sucedan y un tiempo para hacer que las cosas sucedan”.

Hugh Prather, escritor

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Buscaba como describir el año y me gustó la cita de Hugh ya que describe muy bien, pero al revés :), como ha ido 2017 en mi lucha por curar la maldita fascitis que me lleva acompañando ya dos años y que ha desplegado, en este 2017, su máxima expresión. Y digo que al revés porque el año se puede puede dividir en dos partes claramente diferenciadas. La primera queriendo llegar a los objetivos que me había puesto (tiempo para hacer que las cosas sucedan) y la segunda asumiendo la realidad, dado que después de todo el trabajo hecho en la recuperación de la lesión esta no avanzaba, tocaba dejar que las cosas sucedieran cambiando de estrategia para darle al cuerpo todo el tiempo que necesitara para recuperarse de las heridas.

Aun estando privado de poder correr durante muchas semanas que rápido se me ha pasado este año. Da la sensación que cada vez los años pasan más rápido y sin embargo echando la mirada atrás me doy cuenta de la cantidad de momentos buenos que han cabido, de nuevo, durante estos últimos doce meses.

Un año, este 2017, desde luego diferente a como me lo imaginé en diciembre de 2016 y por supuesto diferente de como han sido los diez últimos años. Por primera vez en lo deportivo no he podido colgarme ninguna medalla de finisher ya que me fue imposible terminar la única carrera que pude disputar este año.

El año empezó como terminó el anterior, con los problemas de fascitis que me obligaban a parar los dos últimos meses de 2016 y también el primer mes de 2017. A pesar de este contratiempo la ilusión de curarme la mantenía intacta por lo que termine apuntándome a Penyagolosa Trail (abril) y Laveredo (junio) con la esperanza que durante los meses que todavia quedaban el pie mejorara significativamente, lamentablemente esto no llego a ocurrir.

En febrero por fin, aunque con molestias, volvía a correr a la vez que seguía con los tratamientos para curar la fascitis. Las sensaciones iban mejorando con respecto a las del año pasado pero intentar pasar de 25Km era garantía de terminar con molestias. Ya puestos en marzo la cruda realidad me he hizo ver que a Penyagolosa no iba a llegar. Resulta muy frustrante sentir que aunque fisicamente estás muy bien (así me sentía), una “nimiedad” en el pie no te permite alcanzar tus metas. En fin como me sentía fuerte en lo físico seguía con la ilusión de poder llegar a Lavaredo.

Llegamos a este punto y visto que el tratamiento que estaba realizando con el fisio no avanzaba intenté cambiar de tratamiento probando la EPI que tan bien le ha ido a otros corredores. Este tratamiento es doloroso y cuando tienes una aguja clavada en la fascia del pie y recibiendo descargas eléctricas ves las estrellas. En fin solo la ilusión de poder correr otra vez puede compensar las sesiones recibidas en las que entraba andando y salía sin poder apoyar el pie durante dos o tres días.

Estuve entrenando durante Abril, Mayo y Junio incrementando paulatinamente los Km para ver hasta donde me aguantaba el pie. Llegue a hacer entrenos de más 30Km sin demasiadas molestias. Pero aunque lo intentaba ignorar notaba que las cosas no iban lo suficientemente bien para abordar una carrera de 120Km. El agresivo tratamiento de la EPI me permitió que mejorara la fascitis (me dolía menos) pero no me curó del todo. Después de ocho sesiones (lo normal son dos o tres) seguía teniendo dolor al correr y a dos semanas de Lavaredo decidí que hasta aquí habíamos llegado con la EPI.

En fin, teniendo ya el viaje organizado y acompañado de buenos amigos en junio decidí ir a Lavaredo, disfrutar del evento y de esas impresionantes montañas y ver si por casualidad, se cruzaban los astros y conseguía terminar.

La crónica de Lavaredo la podéis leer aquí. El titular: lo intente y no puedo ser.

De Lavaredo no me traje el chaleco de finisher pero si saque varias importantes decisiones con las que afronté la segunda parte del año.

  • Después de 14 meses, 2 podólogos, 4 traumatólogos, 3 físios, más de 45 sesiones de rehabilitación (probando distintas técnicas) y unas plantillas que no me sirvieron para nada creo que realice todo lo que estaba en mi mano para recuperarme siguiendo la medicina tradicional. Resultado mucho dinero gastado y muy pocos resultados. Conclusión: abandono esta linea de tratamiento.
  • Doy el año por amortizado y lo dedico solamente a recuperarme sin pensar en intentar más carreras durante el año.
  • Dejo de correr hasta que las molestias hayan disminuido considerablemente o prácticamente desaparecido. No tengo prisa, si hace falta un año, pues tocará esperar un año para volver a correr. Es posible que incluso más, ya veremos. No quiero ni pensar en que la lesión sea crónica.
  • Como no puedo dejar de hacer deporte, lo necesito para equilibrar el día a día, y aprovechando que estamos en verano y el tiempo acompaña decido volver al ciclismo.
  • Comienzo a realizar un rutina dos veces al día para estirar todos los grandes músculos de la pierna desde a la cadera hasta el pie haciendo especial hincapié en gemelos, soleos e ísquios.

Y con este nuevo plan pasé todo el verano. Volví a coger la bici que en los últimos años la había tenido bastante abandonada y volví a disfrutar como antaño de recorrer largas distancias a lomos de la flaca. No hay mal que por bien no venga y la obligación de coger la bici me permitió de nuevo enamorarme del ciclismo. Así cada finde caían etapas más largas, más horas en la bici y con cada vez con mejores sensaciones y disfrute. Así las cosas ni un Km corriendo cayó durante julio, agosto y septiembre pero he de confesar que al final no eché de menos correr. 🙂

A comienzo de septiembre comencé a notar que el pie mejoraba. Por fin ya podía salir a pasear con los niños por el monte sin estar cojo al terminar. Ello me animó enormemente. Seguramente el descanso ayudó en la mejora, pero creo que lo que más me favoreció fueron los ejercicios de estiramientos que seguía realizando todos los días. Después de tres meses realizándolos notaba la musculatura de la pierna mucho menos tensa y como consecuencia de ello parecía que la fascitis comenzaba lentamente a remitir. 🙂

A mitad de septiembre decidí que había llegado el momento de probar de nuevo. Muy lento al principio y con distancias cortas comencé a correr solo un día a la semana.  En las primeras carreras notaba algunas leves molestias en la zona que no parecían provenir de la fascia y las sensaciones eran bastante buenas. Por supuesto no deje los estiramientos diarios ni la bici que seguía siendo mi deporte principal.

A mitad de octubre decidí comenzar a realizar dos salidas a la semana y las molestias desaparecieron durante la carrera, ahora solo me molestaba después de correr y eran un poco más leves que el mes anterior. El tema pintaba bien. :-). Así poco a poco y mes a mes fui aumentando Km y sesiones semanales para terminar el año con 3 sesiones y entorno a unos 45-55Km semanales.

Esta es la gráfica de Km anuales donde se ven claramente las dos partes del año y la vuelta a la actividad.

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Terminó 2017 y las molestias siguen, aunque ligeras, estando presentes después de cada carrera pero sigo pudiendo correr sin dolor. Aun así todavía no me he me atrevido a superar los 25Km. Si la cosa sigue bien espero poder intentarlo en unos meses, ya veremos porque aun tengo bastante incertidumbre acerca de como puede evolucionar el pie en los próximos meses y aunque aparentemente el tema cada vez va mejor no termino de creerme que la fascitis pueda llegar a desaparecer de mi día a día

En cualquier caso que mejor forma de terminar este complicado 2017 que aprovechar mi estancia de vacaciones en Alicante para disfrutar coronando en siete días los picos que la rodean. Cabeçó, FontCalent, Migjorn y Maigmo cayeron por este orden para completar  64Km con +3800m. Un lujazo para terminar este complicado año y abrir nuevas esperanzas de futuro porque estos picos no los elegí la azar. Desde hace tiempo tengo pensado una ruta que los uniría para hacer en una sola etapa los cuatro, uno de esos sueños que se cocinan a fuego lento y que siempre permanece en la recamara de los sueños. Tal vez algún año caerá.

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Para 2018 intentaré volver a correr de nuevo alguna Ultra, el optimismo y la ilusión nunca se deben perder, y de momento estoy apuntado al GTP, carrera conocida y en casa. Espero llegar en condiciones. En cualquier caso pase lo que pase realmente el simple hecho de poder volver a salir a correr por la montaña, como ya estoy haciendo casi todos los fines de semana, es ya un premio impagable.

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Así que este año para Reyes tiré de poco original y solo pedí una cosa: salud.  Si esto no falta el resto seguro que llegará.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Alberto Contador. ¡Gracias!

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“Quiero que la gente disfrute en sus casas”
Alberto Contador. Después de la etapa 13 Tour de Francia 2017

No soy de adorar ídolos pero mi idilio con Alberto durante estos últimos años ha sido ciertamente especial. En un ciclismo actual donde todo está tan medido, donde los pinganillos marcan las reglas, donde casi no se ataca hasta el último Km de las etapas y donde, en mi opinión, se ha perdido parte de la épica que envolvía este precioso y esforzado deporte, ahí llegó Alberto para recordarnos gestas de antaño, demostrando que otro ciclismo todavía era posible.

Esta última Vuelta a España, también su última grande antes de su retirada, ha sido una demostración de todas sus virtudes. Ciertamente fue una pena que a las primeras de cambio en Andorra perdiera, en un mal día, todas las opciones a la clasificación final, pero a cambio hemos tenido el privilegio de ver a un Alberto demostrando todo lo que le hizo tan especial. Durante las dos últimas semanas de carrera ha buscado con ahínco recuperar el terreno perdido en busca del podio resultando en un corredor incomodo para todo el pelotón pero que por encima de todo ha sido un regalo para los espectadores que seguíamos apasionadamente cada etapa. Indiferente a la orografía del terreno o al tiempo un Alberto con ganas desaforadas de agradar a la afición junto con aficionados animándole en las cunetas de todas las carreteras configuraban un coctel explosivo que prometía espectáculo en cualquier momento. Y así fue ¡Vaya dos últimas semanas que nos ha regalado el de Pinto! Cuanto vamos a echar de menos los aficionados esa actitud combativa hasta la extenuación.

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Porque Alberto siempre ha entendido el ciclismo de una manera especial y lo decía repitiendo “el aficionado tiene que disfrutar con lo que hacemos,  para eso estamos”.  Y esa actitud no se ha quedado solo en fácil verborrea sino que lo demostraba constantemente regalándonos a los aficionados espectáculos grandiosos que entraban por derecho propio en el libro de la historia del ciclismo como grandes épicas o como desastrosos “fiascos”, si es que el intentarlo, dándolo absolutamente todo como siempre ha hecho Alberto, se le puede llamar “fiasco”, desde luego yo no lo comparto.

Atacar siempre es una maniobra arriesgada que muchos intentan retrasar hasta el último momento, así si se falla la caída no es tan grande pero Alberto no era de esos. Atacaba en cualquier momento aunque fuera lejos, estaba es su ADN y, claro, como todas las aventuras arriesgadas el resultado era incierto y aunque muchas se quedaran sin premio para el devenir de la carrera de turno siempre resultaban agradecidas por los espectadores, ávidos como estamos de grandes historias y hazañas.

Y siendo así Alberto no podía dejar el ciclismo sin antes escribir una nueva página. En la penúltima etapa nos regalo otra perla, su último gran ataque. De nuevo un ataque desde lejos, un ataque inimaginable para muchos, un ataque a priori condenado al fracaso pero sin dudas un ataque que solo puede surgir de genialidad y amor a un deporte. Arrancó en la bajada del penúltimo puerto “El alto del Cordal” lanzándose con todo en una espectacular y peligrosa bajada, llegando con menos de un minuto al comienzo del Anglirú. Durante la subida Alberto fue cazando a todos los ciclistas que iban delante para a 5Km de meta ponerse en cabeza de carrera con más de un minuto de ventaja sobre el pelotón y coqueteando con el podio en Madrid. La subida fue todo un ejemplo de espectáculo ciclista de alto nivel. Alberto entregándolo todo y dejándose llevar por los gritos de animo de todos los aficionados que poblaban la carretera junto con los más de 1.6M espectadores que seguíamos la carrera por TV y que también le gritábamos desde nuestro salón.

Alberto iba gestionando muy bien la distancia, pero a 2Kms el Sky con Froome y Poels dejan al ya pequeño pelotón de favoritos y comienzan a recortar distancias.  A menos de 1 Km para meta la ventaja era de solo 25″ y bajando, momento incierto. Los Sky volaban y Alberto comenzaba a ceder tiempo. Parece que quedaba poca distancia para que le pillaran pero en el Anglirú cada metro se hace eterno. La distancia se iba reduciendo pero el desgaste por intentar cogerle tambien hace mella en los perseguidores y finalmente Alberto consigue disparar su último tiro como profesional en el alto Asturiano.

gettyimages-Contador.jpgFoto: Getty Images

Gran final para un gran deportista al que los aficionados echaremos muchos de menos.

¡Gracias Alberto!

 

Tantos Kms y momentos encima de la bici dan para muchas anécdotas y situaciones de todo tipo, os dejo con esta entrevista que me ha gustado de Eurosport repasando momentos claves de su carrera.

 

 

Lavaredo Ultra Trail 120Km

El que adelante no mira, atrás se queda

Proverbio judio

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Llego el día y el momento de salir de nuevo a correr portando dorsal y a pesar de lo trabajado este invierno para recuperar el pie, la carrera llegó antes de tiempo. La historia no solo se escribe con victorias, también se hace historia en las derrotas. Porque si, en esta ocasión salí derrotado en la batalla. Lamentablemente por primera vez en una ultra tuve que retirarme a mitad de carrera. Cierto que fue una derrota previsible por las circunstancias en las que llegaba pero, aun así, no por ello resulto menos dolorosa.

En cualquier caso como dice el proverbio judío, que encabeza este relato, toca seguir mirando para adelante, porque aún en la derrota hay cosas positivas.  Hace un par de meses no podía correr más de 15Km y en Lavaredo cayeron 55Km. Una distancia que en mi espíritu ultra se me hace corta pero que me permite vislumbrar el futuro con la idea de que puedo volver a disfrutar de la montaña aunque sea en distancias más cortas. Placer que este invierno eché mucho de menos.

Sobre Lavaredo decir que es una gran carrera en un entorno privilegiado y maravilloso donde me gustaría volver. Esta lejos de casa, pero dado que me perdí la mitad del circuito y que me queda una cuenta pendiente en esas tierras espero poder volver algún día.

Viajamos en avión a Venecia, a la que tuvimos la fortuna de admirar desde el aire cuando el avión la sobrevolaba. Una vez en el aeropuerto alquilamos un coche y en dos horas estábamos en Cortina D’Ampezo. El trayecto en coche resulta sorprendente por el gran contraste de pasar de las llanuras de Venecia a montañas muy verticales en pocos km.

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En Cortina nos encontramos con un bonito pueblo de montaña volcado con la carrera y que estaba lleno de carteles dando la bienvenida a los corredores.

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Pero para bienvenidas la que nos dió el tiempo. Aparcamos el coche en la puerta del hotel y al bajarnos vimos que las nubes negras que cubrían el cielo avisaban de lo que podría venir. Hicimos el “check-in” subimos a la habitación y vemos que comienzan a caer las primeras gotas, pues nada, pensamos que estábamos ante la  típica tormenta de tarde de verano en la montaña.

Las primeras gotas van aumentando en intensidad hasta que literalmente no vemos a más de 15metros, la columna de agua que esta cayendo es increíble. Ni en las gotas frías de alicante he visto caer tanta agua de golpe. Para correr en montaña la organización exige un impermeable que aguante de una columna de agua de 10.000mm. Con lo que estaba cayendo si te pilla en montaña da lo mismo lo que lleves, no hay ropa técnica que pueda soportar ese diluvio.

Cuando estábamos ya con la boca abierta por el brutal espectáculo el agua dio paso a un granizo del tamaño de canicas. Se dice que el granizo cae del cielo, pero este no era el caso, yo diría que más bien era lanzado desde el cielo. La fuerza con la que caía era brutal. El balcón estaba precioso decorado con geranios llenos de flores. Después de unos minutos de caer piedras solo quedarón pequeñas ramas desnudas de cualquier flor.

Y este fue el resultado que recogimos en el balcón, una auténtica colección de piedras del tamaño de canicas.

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¡Acojonados nos dejo el recibimiento! Si una lluvia o granizada así nos ocurre mañana por el monte… bufff, no queríamos ni pensarlo pero simplemente del miedo de que un evento así nos pillara en plena montaña nos entraba la risa nerviosa.

Afortunadamente como toda tormenta de verano al final paso y pudimos bajar al pueblo a dar una vuelta y admirar un pueblo blanco por el granizo que vestía sus calles.

A la mañana siguiente nos despertamos tranquilos, desayunamos y a por el dorsal. Que gusto poder revivir todo ese protocolo de recogida de dorsales, feria del corredor y todo el buen ambiente que allí se respira.

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Después de recoger todos los trastos y hacer algunas compras, volvemos al hotel para dejar las cosas. Paseo por el animado pueblo y a comer pronto en la pasta-party. Por la tarde tocaba intentar dormir para afrontar la noche lo más descansado posible.

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Después de la siesta, fuimos a cenar también pronto y ya si sin más dilación a cerrar los últimos detalles antes de bajar a la salida.

Y por fin llego el momento de volver a sentirse corredor, de volver a sentir los nervios por lo que se avecina, pero también, aunque parezca contradictorio mucha tranquilidad porque sabes que estas ahí, que vas a salir y después de todo el duro invierno ahora solo queda disfrutar haciendo lo que más te gusta.

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Puntualmente  a las 23:00 suena el pistoletazo de salida. No hemos conseguido colocarnos delante y vamos al final del pelotón. Jose, Antonio y Jorge aprietan y ponen buen ritmo, les sigo sin problema pero no sin esfuerzo. Vamos adelantando a gente y tengo que concentrarme para no perderles de vista. Van un poco mas rápido de lo que yo quería. Ahora pensándolo tal vez les tenía que haber dejado ir, pero en ese momento solo pensaba en intentar mantenernos juntos.

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Llegamos a las primeras cuestas. Suben rápido y me cuesta seguirles. Llevan un buen ritmo y continuamos adelantamos corredores aunque el terreno por el que vamos con senderos estrechos y en pendiente hace difícil adelantar. A pesar de que yo también voy pasando corredores cada vez me meten más gente en medio. Empiezo a ver que hoy no puedo ir mas rápido y comienzo a relajarme y buscar mi ritmo.

Terminamos de subir y en medio de la primera bajada importante veo que Antonio y Jorge han parado, me quedo a esperarles, no se muy bien porque ya que ellos iban mucho mejor que yo. Recobramos la marcha y Jorge tira a todo trapo cuesta abajo. Yo prefiero ser prudente e intentar castigar lo menos posible el pie. Todavía no me duele, pero en la bajada cada vez que no hago un pisada perfecta me avisa que ahí está.

Aun así dejo atrás a Antonio, que prefiere bajar aun más conservador. Un espejismo, en cuanto termina la bajada hay una zona de falso llano picando hacia arriba donde se puede correr, en seguida me pilla y pone ese punto de velocidad mínimo pero lo suficientemente más rápido que el mío para que me resulte suicida intentar seguirle.

Le dejo ir y busco de nuevo un ritmo cómodo para mi. Llevamos casi 20Km y el pelotón se ha estirado bastante. Sigo adelantando gente pero ahora también me están adelantando a mí, aun así  el saldo sigue siendo positivo, sigo ganando posiciones.

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Llego al avituallamiento de Ospitale, son la 1:30h. Al final entramos casi juntos los cuatro, solo separados por unos segundos, así que nos volvemos a reagrupar pero a la salida más de lo mismo. Llevo un ritmo algo inferior y poquito a poco los voy perdiendo en la oscuridad.

Corono la Forc. San Forca y de nuevo mucho terreno hacia abajo. Como siempre, cuando estoy en la parte nocturna, pienso la pena que es estar corriendo por un lugar que aparenta ser espectacular y no ver nada mas allá de luz del frontal.  En cualquier caso siendo necesario hacer noche, indudablemente mejor hacerla al principio que suele ser más llevadero o eso pensaba entonces. En la bajada de nuevo me encuentro con los problemas de la anterior, si intento bajar rápido el pie se resiente, así que bajo con una marcha menos de la deseada, hoy el pie manda.

Llego al avituallamiento de Federavecchia, son casi las 4:00h. Este es el primer punto de control y llevo 1:30h sobre el tiempo de corte, así que voy bien. Allí está Antonio que me comenta que Jorge y Jose acaban de salir. A estas alturas ya no tengo prisa e intento comer tranquilo antes de afrontar la segunda subida del día. De momento el saldo es positivo voy bien y el pie aguanta.

Salgo un poco antes que Antonio hacia el siguiente destino: el lago de Misurina. Comienzo la nueva subida avanzando con ganas, aun así al poco me vuelve a coger Antonio y como antes se me va yendo poquito a poco. No subo a mal ritmo pero las sensaciones no me gustan, sigo avanzado pero me empiezo a notar sin fuerzas. Me tomo un gel con cafeína que me dio Jose a ver si me levanta el animo, pero no hay manera voy cada vez mas lento e irremediablemente me empiezan a adelantar corredores, muchos corredores. Aunque no me parece que vayan muy rápidos me veo incapaz de seguirles. Mientras tanto ha empezado a amanecer y por fin comenzamos a ver las impresionantes montañas que nos rodean.

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Ando mosqueado, no se exactamente que me esta pasando, no tengo sueño como en otras ocasiones, pero tengo el mismo bajón, o incluso diría que peor, que me acompaña todas las noches de carrera.

Llego al Lago Misurina preocupado, llevo 38Km de carrera y estoy fundido. Miro el móvil y veo que Antonio y Jorge ha pasado 6 minutos antes y Jose hace 15m. Con las malas sensaciones que tengo  no me han sacado tanto. Intento positivizar.

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Decido sentarme tranquilamente en un banco al borde del lago, saco algo de comida de la mochila y como tranquilo intentando recuperar fuerzas. Después de unos 5 minutos decido ponerme en marcha aunque sigo sin encontrarme bien.

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Durante la subida sigo sintiéndome débil y aunque menos que en el tramo anterior me siguen adelantando corredores :-(. Sigo sufriendo casi una hora más, hasta que milagrosamente, comienzo a encontrarme mejor. El sol ha salido completamente, creo que mi cuerpo ha entendido que empieza un nuevo día y comienza a despertarse. Es la primera vez que sufro estas malas sensaciones, las ultimas horas de la noche siempre lo paso mal, pero lo raro esta vez es que no he tenido sueño, no se me cerraban los ojos pero el bajón físico ha sido histórico.

Ya recuperado comienzo a recuperar mi ritmo habitual y consecuentemente comienzo a adelantar corredores, me noto lleno de fuerza, como si acabara de salir. Alucino ahora con estas sensaciones, es pasar de un extremo al otro :-O.

ph-LeoBrogioni_LUT2017-2569_2.jpg Foto de Leo Brogioni

La verdad que tuve una carrera rara. Cuando por fin fisicamente me encontraba bien , el pie aprovechó para empezar a quejarse. ¡Estupendo! ahora que me siento bien el pie pide su cuota de atención, parece que el tambien estaba dormido y ahora ha despertado.

Sigo subiendo con buenas sensaciones físicas y según voy ganando altura las vistas son maravillosas.

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Paro un par de veces en mitad de la subida, me siento en un piedra y simplemente admiro el paisaje y pienso en mi futuro en esta carrera. Llevo casi 50Km y el pie cada vez me duele más. No es un dolor insoportable todavía pero va a más y quedan muchos kilómetros. Solo un idea ronda en mi cabeza…después de todo el invierno casi por sin poder correr por la fascitis y aún sin haberme curado de la misma no quiero arriesgarme a dar marcha atrás a la recuperación que parece va asomando y el fantasma del abandono, por primera vez en una carrera, ronda mi mente.

Mientras voy pensando sigo subiendo, a pesar del dolor del pie, muy cómodo en el aspecto físico. El refugio ya se adivina a pie de montaña.

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Finalmente a pocos metros antes de llegar al refugio tomo la decisión de abandonar en este punto. Mirando el recorrido después de coronar hay casi 16Km de descenso y sería un castigo excesivo para el pie. Dado que es estas condiciones parece difícil plantearse hacer los 70Km que me quedan hasta la meta no le veo sentido castigar más el pie para terminar abandonando unos Km más adelante. Aun así a 3 Km del refugio se encuentran las tres cumbres de Lavaredo que dan nombre a la carrera. Sería un pecado estar aquí y no llegar a ellas.

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Llego al refugio Auronzo a las 8:00h. Paro a desayunar tranquilamente en el avituallamiento y por curiosidad miro el móvil para ver a cuanto tengo a los compañeros. Jose ha pasado hace 1:15h, Jorge hace 1:07h y Antonio hace 53m. Lo mal que lo he pasado en este ultimo tramo, esta vez si, se ha visto reflejado en el reloj. También veo que desde Federavecchia me han pasado 181 corredores y eso que en cuanto me desperté he ido recuperando posiciones. ¡Vaya pedazo pajarón que he sufrido! A pesar de ello había elevado el tiempo de corte hasta las 2:30h :-O, en fin ya no sirve para mucho.

Salgo del refugio por un pista preciosa sabiendo que mi carrera ha acabado aquí pero un poco resistiendo a este ya decidido final, no digo nada en el punto de control y continuo a las Cimas de Lavaredo. Aprovecho para tomar un ibuprofeno pero por el tipo de dolor creo que esta vez no me va a ayudar.

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Solo busco coronar no veo un objetivo más allá. ¿O no? Lo tengo decidido pero me cuesta asumirlo y menos cuando sigo todavía en carrera al no haberme retirado en el refugio. Continuo avanzado cada vez con más dolor en el talón y sin embargo sigo adelantando corredores, que avanzan mucho mas lentos que yo.

Llego a las cimas de Lavaredo y las vistas son impresionantes, sin duda ha merecido la pena subir aquí arriba.

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Busco, de nuevo, una piedra separada del camino para admirar el paisaje y pensar. De reojo miro las vistas al valle por donde ahora sigue la carrera y sobre todo a la preciosa pista que baja al mismo.

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Ahí estuve sentado un buen rato, tampoco tenía prisa. Cuando me levante incluso comencé a bajar unos metros la pista pero finalmente la cabeza venció al corazón, con los Kms que quedaban no tenía sentido seguir.

Así que en el mismo punto que da nombre a la carrera las tres cimas de Lavaredo tuve que plantar pie a tierra e interiorizar que esta vez, por primera vez en un ultra, no iba a ser Finisher. Los milagros en el deporte pocas veces existen y después del año que llevaba realmente era un final previsible.

La vuelta al refugio, por no hacerla por la misma pista por la que había hecho la subida opte por hacer por un sendero que había visto mientras subía. El sendero  tenía bastante pendiente y una vista espectacular de la pista por donde iba la carrera y por donde continuaban subiendo corredores. ¡Que envidia!

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No se si fue una manera de autojustificarme pero esta bajada me ratificó que había hecho bien. El pie con cada pisada seguía quejándose amargamente. Poco antes de llegar de nuevo al refugio voy encontrado con corredores y senderistas que suben y todos me dicen lo mismo,  ¡La carrera es en sentido contrario!, si lo sé, si lo sé….

Llego al refugio e informo a la organización de mi retirada, se apuntan el dorsal y me toca esperar al autobus que baja a los corredores retirados a Cortina. Mientras llega tengo tiempo de recrearme una vez más con las vista de las montañas que nos rodean.

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La vuelta a Cortina es triste, todo los que vamos en el autobús por una u otra razón nos hemos visto condenados a no poder terminar la carrera y el cabreo se percibe en el ambiente. A las 11:30 llegamos a Cortina y poco antes de las 12:00h ya estoy en el hotel con toda la mañana por delante. Me ducho y ahora ya no tengo todo nada que hacer. Miro por donde van los amigos y veo que puedo llegar con facilidad, después de comer, al Refugio Col Gallina (km 95), verles pasar por allí y ayudarles si necesitan algo.

Dado que ya no corro, me dispongo a disfrutar la carrera desde la vertiente de acompañante o “supporter”, una experiencia nueva. Cojo el coche y subo al refugio, solo es media hora de coche pero madre mía que cantidad de tráfico y que mal conducen los italianos. En un carretera de montaña con muchísimas curvas y un densísimo tráfico de bicis, motos, coches y caravanas la ley del mas fuerte manda en la carretera. No se como subían tantas bicis, el recorrido era preciso pero resultaba agobiante y muy peligroso por el infernal tráfico. En esas condiciones no me gustaría estar subiendo el puerto en bicicleta.

Llego al refugio agobiado por el tráfico. Ahora tocaba esperar pero no fue mucho, enseguida veo aparecer a Jorge. Nos fundimos en un abrazo y me cuenta lo dura que esta siendo esta carrera y yo con una envidia que no veas. Algo de masoquismo tiene este deporte.

Al poco llega Pez tambien muy cansado y hablando de la dureza del recorrido.  Después de recobrar aliento en el avituallamiento parten los dos a por la parte final de la carrera, con fuerzas y muchas ganas. Siempre positivos. ¡Que grandes!

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Como esperar a Antonio en el refugio me aburre comencé a hacer el camino en sentido contrario a la carrera pero enseguida me cruzo con Antonio y le acompaño hasta el avituallamiento. De nuevo la misma versión: que carrera más dura. Todos cuentan lo mismo, si va a ser que es verdad y no lo dicen para no darme envidia de que yo no pueda disfrutar de tanto sufrimiento ;-).

Después de dejar a Antonio camino de la siguiente subida bajo de nuevo al hotel en Cortina.  Ya solo queda esperar a que lleguen a meta. Aprovecho para intentar dormir algo y vaya si dormí, tanto que cuando desperté Jorge y Pez estaban a punto de entrar en meta. Baje apresuradamente del hotel pero ya me los encontré en las calles aledañas. ¡Mierda! Me hubiese gustado estar ahí. Cuando Antonio llegó una media hora más tarde yo estaba con Jorge y Pez en el hotel, así que tampoco pude le puede ver entrar ¡Que mal! Al final no vi entrar a ninguno de ellos victorioso bajo el arco de meta, esta claro que me falta práctica como acompañante :-(.

Ahora sin más fechas comprometidas en el calendario, no tengo ninguna presión para recuperar el pie y me voy a tomar todo el tiempo que necesite para intentar volver en condiciones. Porque aunque tengo algo personal pendiente con estas montañas que indirectamente me derrotaron y que algún día me cobraré, lo tengo aun más con todas y cada una de las montañas cerca de casa que no quiero dejar de explorar, recorrer y disfrutar.

¡¡¡Volveré!!!!

 

Correr no es de cobardes ¿Tal vez de niños?

Estos últimos meses, privado de mis regulares visitas a la montaña, me ha sido imposible escribir sobre lo que allí vivo y disfruto pero afortunadamente nada me impide seguir escribiendo. A falta de experiencias y sensaciones que compartir os dejo este relato corto esperando y deseando que la próxima entrada de este blog sea por fin para hablar de correr y montaña.



Era un día normal. Un día como otro cualquiera. Un día rutinario en el que todo parecía repetirse con cruel exactitud como si se tratara del mismísimo Bill Murray en la película Atrapado en el tiempo. Una vez más, poco antes de la cena, se preparaba para salir a correr. Hacía tiempo que no corría por un objetivo cercano, plausible, medible o claro. Simplemente salía. Ponerse las zapatillas se había convertido en una rutina más en su monótono modo de vida. Después de muchos años de perseguir y batir marcas en estos momentos la falta de motivación le empujaba simplemente a salir a correr de manera mecánica, casi sin ganas.

Como un ritual repetido cientos de veces abrió el cajón del armario donde guardaba, perfectamente ordenada,  toda su ropa de correr. Un vistazo rápido y en un momento tenía en su mano la ropa adecuada para el tiempo, ya fresco, que hacía en esa primera semana de noviembre.

La visita al zapatero le llevó algo más de tiempo. Ayer había recibido unas nuevas zapatillas compradas por Internet. El complicado día que había tenido en el trabajo le había hecho olvidar que junto a las zapatillas que le habían acompañado los últimos cinco meses, y que ya comenzaban a mostrar signos de vejez, le esperaban estas otras. Breve momento de indecisión antes de decidir que hoy no tocaba estrenar. Realmente tampoco le hacía mucha ilusión.

Al salir del portal la casualidad hizo que se cruzara con unos vecinos que venían de la calle con su hija de tres años. Un encuentro imprevisto que, aunque él no lo sabía, iba a cambiar su día, tal vez su vida. La niña se le quedó mirando fijamente como solo los niños, sin vergüenza ni prejuicios, son capaces de hacer. Un saludo cortés salió de su boca sin más intención que cumplir con el protocolo básico de educación cuando de repente y de la manera más inesperada la niña, normalmente muy callada, balbuceó unas palabras que él no consiguió llegar a comprender. Ante su falta de respuesta la niña insistió y volvió a repetir sus palabras, esta vez en tono alto y claro:

-¿Vas a correr? ¿Por qué corres?

Lo primero que se le ocurrió fue un triste y fácil porque sí pero se abstuvo. Odiaba que la gente fuera incapaz de defender con razones lo que hacía y esa respuesta no estaría a la altura que él exigía. Fue un momento violento, normalmente era una persona de respuesta fácil pero la inesperada pregunta de una niña de tres años le había dejado la mente en blanco y solo se le ocurrió un socorrido:

– Voy a pensarlo y mañana te lo cuento.

Salió del portal sin mirar para atrás, con la pregunta de la niña dándole vueltas en su cabeza y molesto por sus propias palabras que sonaban más a una excusa que a una respuesta. No hacía más que preguntarse como él, que llevaba años corriendo, no había podido responder a una pregunta tan simple e inocente.

Hombre de costumbres fijas una vez en la calle siempre seguía fielmente una serie de pautas antes de dar la primera zancada. Primero encendía el GPS para a continuación pasar a apretarse las zapatillas mientras el reloj cogía la señal de los satélites. Una vez todo listo una rápida pulsación del botón de “START” y a correr. Pero esta vez su cabeza seguía sumida en busca de una respuesta y comenzó a correr sin apretar el botón de inicio del GPS, cuestión de la que no se percató hasta diez minutos después. Otro día eso le hubiese cabreado de sobremanera, pero hoy no, su mente seguía absorta en un único pensamiento: ¿Por qué corro?

Mientras que de manera autónoma y sin mayor atención por su parte sus piernas lanzaban zancadas alternativamente  él seguía dándole vueltas al asunto y ante la falta de una respuesta optó por tratar de hacer memoria.

– ¿Cuándo comencé a correr? ¿Por qué? ¿Con quién? ¿Dónde?

Inesperadamente las preguntas le comenzaron a traer muy buenos recuerdos. Recuerdos que tenía guardados y casi enterrados en lo más profundo de su ser y que sin la pregunta de la niña, tal vez, nunca hubieran vuelto a aflorar pero sí, ahí estaban. De inmediato su cara comenzó a dar muestras de los extraordinarios momentos que estos recuerdos le afloraban y su boca dibujó una incontenible sonrisa.

Una serie de acontecimientos en su vida le había hecho caer en este este estado en el que se encontraba, donde nada le importaba, donde todo le costaba y en el que con nada realmente disfrutaba. El pasotismo al que le abocaba dicha actitud hizo que fuese perdiendo el contacto con amigos y se fuera cerrando en sí mismo, buscando actividades en las que la relación con otras personas fuese inexistente. Hasta entonces correr siempre lo había entendido y disfrutado como un deporte social pero en estos últimos meses, reflejo fiel de lo que era su vida, había terminado llevándolo al extremo más solitario.

Comenzó a recordar esos primeros pasos, casi con las mismas dudas que un niño cuando comienza a andar, descubriendo como correr no resultaba tan monótono como siempre había pensado. Esos amigos con los que compartía km, experiencias, problemas y logros. Y revivió ese estado de felicidad y buen rollo que rezumaba a borbotones en todo el grupo de corredores. Era una maravilla oír al serio director de banco hablar de sus nuevas zapatillas que le darían esos segundos que le faltaban para batir su récord personal. Ese otro agente de seguros al que le brillaban los ojos mientras te contaba esa carrera que tenía pensado hacer este verano en el Norte de Alemania. Esa funcionaria, con rostro serio y poco amable, que pasaba las horas sellando papeles detrás de una ventanilla pero que se convertía en la persona más extrovertida y alegre cuando se calzaba las zapatillas. Adultos olvidándose de su condición y obligaciones de su edad para volver a sentirse niños. Definitivamente sus caras ilusionadas les delataban.

Había comenzado a subir una colina, la misma colina que subía todos los días, pero ahora todo era distinto, todo sabía mejor. Una vez arriba se paró, levantó la vista y vio como el horizonte le regalaba una espléndida puesta de sol.

No pudo más que sentarse a admirar aquel regalo. Y casi sin querer un lágrima, que comenzó a salir de sus ojos aunque manaba directamente de su revivido corazón, recorrió su mejilla. En ese mismo instante sabía que algo había cambiado dentro de él. De golpe recordó que la vida se vive una vez y que con su actitud actual la estaba desperdiciando.

Cogió su móvil y buscó en la agenda a Manuel. Hace tiempo su mejor amigo y del que se apartó cuanto comenzó a aislarse. Tenía el número en la pantalla pero una especie de miedo y vergüenza le frenaban a pulsar el botón de llamada. Tras unos segundos de indecisión para sumar valentía consiguió reunir las fuerzas necesarias. Sonó el primer tono, luego el segundo y con cada nuevo tono sus temores, no sabía muy bien a qué, se incrementaban. Tercer tono, cuarto tono y de pronto Manuel descolgó.

– Hola. ¡Cuanto tiempo!

Su tono no reflejaba resentimiento, más bien sorpresa y muchas ganas de volver a hablar. La conversación fue larga y amistosa como si sus vidas nunca se hubieran separado y terminó, cómo no, quedando para recordar viejos tiempos corriendo por el parque al día siguiente. Con la ilusión recobrada qué largas se le iban a hacer las horas hasta el reencuentro. Resultaba increíble como una simple pregunta de una niña le había cambiado y le había hecho recuperar de nuevo la ilusión que una maldita depresión le había arrebatado.

El reencuentro que fue un punto de inflexión y el salvoconducto para volver a compartir horas con Juan, Ana, Fernando, Isabel y todo el pelotón….toda esa gente que durante muchos años fueron casi como parte de su familia. Una costumbre que nunca debió perder.

Unos días más tarde volvió a encontrarse en el mismo portal con Marta, la niña que inocentemente comenzó todo.

– Muchas gracias Marta.

La niña se le quedó mirando con cara de no entender por qué le daba las gracias. Seguramente ni se acordaba de la pregunta que le lanzó unos días antes pero él con la mejor de sus sonrisas continuó:

– Corro porque es como un juego para mí. Un juego que me permite evadirme de mi condición de adulto para volver a sentirme niño como tú. Ilusionándome con cada detalle, magnificando cualquier objetivo y todo mientras me lo paso en grande con mis amigos. Muchas gracias Marta por recordármelo.

Volver a nacer…para el running

Quien no está ocupado en nacer, está ocupado en morir.

Bob Dylan

 

Mirando al infinito

Ha sido complicado ver pasar este largo invierno sin poder recorrer mi tan querida y, ahora me doy cuenta, necesaria montaña. Además este invierno ha sido abundante en nieve en las cumbres altas de las montañas y ver todos los días las montañas blancas y pensar que la lesión me impedía pisar ese manto blanco, ¡bufff!…. ¡como se echa mucho de menos!.

Durante solo meses, pero que han parecido años, no llegaba a atisbar el final de este paro forzado pero por fin parece que el pie está decidiendo que se había cobrado, al menos una parte, del precio por los largos entrenos del 2016 y está volviendo, poco a poco, a permitirme ponerme de nuevo en marcha.

Leia hace unos días sobre el origen de las matemáticas y como el hombre desde tiempos inmemoriales ha sentido la necesidad, incluso antes de inventarse los números, de medir y cuantificar lo que le rodea. Y ahí me sentía yo identificado siempre midiendo los entrenos, no porque sea metódico en seguirlos, nada mas lejos de la realidad, sino por que el propio pique conmigo mismo me empuja a fijarme en los números hechos y querer siempre un poco más.

Así, si antes hacer una salida de menos de 10Km era una salida que no merecía la pena, no sumaba casi, Lo que son las cosas…ahora después de casi 3 meses sin correr poder hacerlo durante 25 minutos para recorrer 4Km y poder volver a sentirse corredor, aunque sea simplemente en el parque al lado de casa, es una bendición de dioses. Un regalo que no tiene precio y que me ha hecho disfrutar como hacia tiempo que no recordaba. Así pues parece ser que las matemáticas del running no resultan siempre exactas, el disfrute de solo esos 4Km fue mayor que salidas de muchos Km de antaño..

Lo más curioso que al día siguiente no me podia mover y no por la fascitis sino por las agujetas, benditas agujetas :-). Es increíble, unos pocos meses sin correr y al día siguiente las piernas doloridas, en cualquier caso pocas veces recuerdo un dolor más dulce.

Poco a poco he ido aumentando la distancia y el tiempo. La fascitis daba la sensación de ir yendo a mejor o eso queria pensar pero no me termina de abandonar y hay días mejores y peores. Al menos poder ir corriendo, aunque sea poco mientras va mejorando, me tranquiliza bastante.

Y así las cosas hace unas semanas me atreví a volver a correr por el monte por un recorrido fácil y casi sin cuestas. Es verdad que con no muy buenas sensaciones en la fascia pero sorprendentemente increíble sensaciones a nivel físico igualando tiempos del pico de forma del 2016. Parece que la bici ha servido de mucho, vaso siempre medio lleno :-).

He seguido corriendo desde entonces, pero las sensaciones del pie, no terminan de mejorar y he optado por cambiar el tratamiento y probar con la EPI que buenos resultados ha dado a otros corredores. Parece que la cosa ha mejorado algo, pero sigue arreglarse del todo, habrá que seguir teniendo paciencia, que remedio…

Hoy he probado en la montaña, con un recorrido serio, subiendo a la Maliciosa para completar 25Km con +1500m y de nuevo bien de físico pero el pie ¡Pufff! seguimos con dolor…que largo se está haciendo esto.

En cualquier caso volver a correr por la montaña me ha recordado por que adoro estar en  ahí y eso no hace otra cosa que recordarme que hay que seguir luchando para recuperar, como sea, ese pie.

 

 

 

 

 

Resumen 2016

El infinito es la poesia que utiliza la montaña para expresarse…

Jordi Tosas‏ @Jorditosas

Antes de sentarme a escribir este post necesitaba, dado lo lejos que aparenta quedar ya enero de 2016, recapitular todo lo vivido en este último año que ya toca a su fin. Y que mejor manera que leer de nuevo las entradas que durante este año han vestido este blog. El objetivo de comenzar a escribirlo fue precisamente tener una bitácora que me permitiera volver a sentir, vivir y recordar todo lo disfrutado y es que la memoria, a veces tan volátil, con el paso del tiempo se va dejando detalles que la letra escrita y la fotos permiten guardar intemporalmente.

Recorrer la naturaleza a golpe de zancada forma ya parte de mi forma de entender esta vida y estos últimos doce meses afortunadamente ha sido prolífico en grandes rutas:

Un año en el que me apunté un premio muy especial para mis vitrinas de conquistas deportivas: el UTMB. Aunque cabría dentro de la lógica que este gran premio eclipsara la trayectoria de todo el año esto no sería justo. Ha sido de nuevo un gran año donde he vuelto a disfrutar de rutas de muchas horas en la sucesión, casi infinita, de subidas y bajadas que dibujan las montañas.

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Lamentablemente además de cumplir con un sueño este año también ha hecho acto de presencia el lado oscuro del deporte, la lesión. Desde enero he sufrido una fascitis plantar que me ha estado molestando durante todo el año y que a final del mismo me ha obligado a parar. A mitad de noviembre la lesión no mejoraba e incluso comenzaba a molestarme más por lo que decidí que había llegado el momento de parar. Una decisión que sigo creyendo acertada, pero que cuesta dar. Acostumbrado a utilizar el running como válvula de escape prescindir de esta herramienta tan poderosa para equilibrar el día a día me está resultando duro. Después de casi un mes y medio, la cosa parece que va mejorando pero no lo suficiente para permitirme volver a correr así que toca comenzar el nuevo año con la esperanza de que no a mucho tardar 2017 me permita volver a ponerme las zapas de correr. Ese será sin dudarlo el regalo que pediré a Sus Majestades los Reyes Magos.

En cualquier caso como parar del todo me es imposible y como no hay mal que por bien no venga el no poder correr me ha permitido sacar tiempo para volver a coger la bicicleta. Esa gran amiga que tenía aparcada desde septiembre de 2015. Regularmente pensaba en cogerla pero al final no encontraba el momento y ahora este ha llegado. De esta manera en diciembre he recorrido las montañas desde otro punto de vista, subiendo puertos de montaña con la bici de carretera y recorriendo caminos embarrados con la MTB. 🙂

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De vuelta al trail para 2017 ya tengo agendadas dos motivadoras aventuras para el primer semestre del año:

  • Penyagolosa Trails®CSP: 115Km +5.500m
  • Lavaredo Trail. 120Km. +5.800m

Es posible que a las dos no llegue, ya veremos como evoluciona la fascitis, en cualquier caso voy a intentarlo y sino seguro que algo interesante se cruzará en el camino. No tengo la menor duda.

¡Feliz 2017!

 

Disfrutando un sueño: UTMB (Parte 3 La carrera hasta Chamonix)

Continuación de Disfrutando un sueño: UTMB (Parte 1 El Camino)  

y de Disfrutando un sueño: UTMB (Parte 2 La carrera hasta Courmayeur)

Para afrontar una carrera tan larga como el UTMB había pensado que la estrategia adecuada era dividir la misma en dos partes. Con la llegada a Courmayeur había terminado la primera parte con éxito, ahora tocaba afrontar la segunda como si de una nueva carrera se tratara. Tenía la convicción, aunque quedaban más horas por delante de las que ya llevaba, de que lo más difícil ya estaba hecho y en este tramo que ahora tocaba recorrer contaba con dos ventajas: conocía el terreno de cuando corrí el CCC y los tiempos de corte eran bastante más amplios. Por el contrario las muchas horas ya acumuladas, la segunda noche y sobre todo la duda de como se comportaría mi cuerpo una vez que superara mi récord de kilómetros en carrera, que estaba situado en 120Km, aparecían como riesgos en el horizonte.

Salimos del Polideportivo de Courmayeur cruzando todo el pueblo y pasando por las calles por donde dos años antes comenzaba la aventura del CCC. A diferencia de entonces, que empezábamos subiendo a la Tête de la Tronche para después bajar al refugio Bertone esta vez subimos directamente al refugio. Nos ahorramos así unos pocos kilómetros, pero vamos que de kilómetros íbamos bien servidos. 🙂

Eran las 13:00h y hacía mucho calor, más de 30ºC marcaba el termómetro a la sombra y encima el terreno que íbamos a recorrer durante todas las horas que nos quedaban de sol eran zonas altas, muy expuestas, sin un bosque que nos protegiera. Eramos conscientes, por tanto, que iba a ser duro pero bueno era lo que había y ahora tocaba poner en valor el trabajo realizado durante los entrenos veraniegos, incluso con más calor, que hemos sufrido durante estos últimos meses. Peor lo tenían los compañeros de carrera que venían de países mas fríos donde no están acostumbrados a estos calores y eso se noto claramente en el número de abandonos.

Al salir de Courmayeur vamos por una calle que tenía una fuente cada pocos metros y donde todos los corredores aprovechamos para refrescarnos, mojar la gorra y beber. Así lo hicimos en la primera, en la segunda y en la tercera fuente. Acababa de agacharme debajo del caño de esta tercera fuente y comenzaba a beber cuando vino un francés pegando gritos diciendo que el agua de esa fuente no era potable que lo ponía en un pequeño cartelito en italiano debajo de la misma. Según le oigo escupo toda el agua que tenía en la boca, pero unos buenos sorbos ya le había pegado. El tema me tuvo preocupado toda la subida pensando como una tontería así podía arruinar la carrera que hasta el momento teníamos controlada, como empezara con problemas gastrointestinales la cosa se podría complicar bastante. Así durante toda la subida fui con el estomago revuelto pero más por sugestión que porque el agua me hubiera sentado mal. Aun así todo tiene su lado bueno, entre que el ibuprofeno hizo su trabajo y que yo tenía la mente pensando más en el estomago el pie desapareció temporalmente de mi lista de preocupaciones. 🙂

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La subida era dura (5Km con 815m desnivel+) y el calor apretaba. Al menos la primera parte estaba protegida del astro rey por densos bosques. Mientras trazábamos las zetas del sendero, que nos hacían ganar altura rápidamente, íbamos adelantando “cadaveres” de corredores que habían salido poco antes que nosotros y que iban ya agotados. Incluso nos encontrábamos con otros que iban en sentido contrario, corredores que lo habían intentado pero que una vez en marcha se dieron cuenta de que no podían y volvían a Courmayeur dado que el siguiente punto para abandonar estaba a más 17Km, demasiada distancia si vas tocado.

Nosotros afortunadamente íbamos bien. El calor apretaba, pero vamos como todo el verano en España. Nos concentramos en mantener un ritmo cómodo y sobre todo en beber mucho. Ha pasado hora y media desde que salimos y pasábamos con buenas sensaciones por el control del Refugio Bertone.

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Ahora teníamos por delante la parte más “plana” de toda la carrera 13Km 385m+ y 570m- y, en mi opinión, la más bonita también. Desde la altura que habíamos ganado estábamos situados en un balcón perfecto para admirar toda la sucesión de glaciales que descendían desde la magnánima montaña del MontBlanc que en todo momento se mantenía a nuestra izquierda en este tramo.

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Aproximadamente 1h:40m nos llevo recorrer los algo mas de 7Km que separaban los refugios de Bertone y Bonatti y eso que el terreno era asequible. Pero de nuevo preferimos mantener un ritmo cómodo ya que quedaban muchos kilómetros por delante. Aun así constantemente íbamos adelantando corredores, buen síntoma este. Los que decidieron correr mucho al principio ahora comienzan a pagar el esfuerzo mientras nosotros seguíamos bastante enteros. Viendo después de la carrera las estadísticas en este tramo de 7Km conseguimos adelantar a 101 corredores, esto no es como empieza sino como acaba.

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Es curioso que aunque solo he pasado por estos caminos una vez en mi vida hace dos años me acuerdo del camino bastante bien. Cierto es que las distancias a veces me despistan porque tenía el recuerdo de que eran mayores o menores en algunos tramos pero recuerdo bien cada paso, cada subida, cada bajada y eso ayuda mucho, me encuentro como corriendo en casa.

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Salimos del refugio Bonatti en busca del final de valle. Una vez allí tocará emprender la subida a unos de los puertos más míticos de la zona el Grand Col Ferret. Después de una zona tambien de falso llano, comenzamos una rápida bajada para llegar al control de Arnuva. Llegamos animados y con una hora de adelanto sobre el tiempo de corte.

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Arnuva es un punto de control precioso, con una gran pradera verde que es recorrida por un río recién nacido en los glaciales de la zona. Además el avituallamiento esta lleno de familias que siguen a corredores, incluidos muchos niños que dan al sitio un ambiente espectacular. La verdad que nos quedamos con ganas de habernos tumbado en la pradera y simplemente ver pasar a los otros corredores pero eso tendrá que ser otro año, este tocaba seguir camino de Chamonix.

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De Arnuva salimos cruzando el río por un puente de madera y directamente comenzamos a subir el Gran Col De Ferret para salir del valle. Son 4.5Km con +754m. De nuevo toca mentalizarse y armarse de paciencia para afrontar una subida que nos llevará su tiempo. Llevamos casi 100Km pero vamos sorprendentemente enteros, incluso diría que cada kilómetro que pasa vamos más animados y con mayor confianza.

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Aun así para afrontar la subida decido tomar un gel, que a la postre, será el único gel que tomaré en toda la carrera. Siempre llevo geles encima pero prefiero no tomarlos y sustituirlos por comida normal. Es una opción que me ha permitido siempre evitar los temidos problemas de estomago. Uno de los retos mas importantes cuando te enfrentas a un ultra. El esfuerzo que supone una carrera tan larga hace que sea imprescindible ir comiendo durante la misma para reponer la energía gastada. Si el estomago te falla, y es fácil tomando solo geles, lo tienes jodido. Por eso prefiero comer comida normal: pasta, sopa, chocolate, embutido, queso, pan… y aquí con unos avituallamiento especialmente bien surtidos es muy fácil alimentarse adecuadamente sin necesidad de tomar geles.

Según vamos ganando altura la panorámica del valle por el que hemos estado corriendo las últimas horas se muestra espectacularmente ante nosotros. Parece mentira pero sí, hace unas horas estábamos recorriendo las montañas que se ven al fondo ¡Impresionante!

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Vamos subiendo manteniendo un ritmo constante. El reloj no engaña y aunque coronar el puerto nos llevo 1h.46m, la subida, sorprendentemente, se nos hizo corta. Es lo que tiene ir con buenas sensaciones, disfrutas del camino y todo parece más fácil 🙂

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¡Que bien recordaba esta imagen! Poco antes de llegar se distingue la carpa amarilla que montan como base de vida en lo alto del puerto. Ver esta carpa significa que hemos conseguido superar con éxito otro puerto más y van ya muchos 🙂

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Hemos completado los primeros 100Km en 25h, curiosamente menos tiempo del que nos llevo completar hace dos años los 100Km del CCC. En aquella ocasión cuando llegábamos a meta hablaba con Felix acerca de la cansados que íbamos y que éramos incapaces de imaginarnos tener que hacer 70Km más ¡Vaya locura!. Je, je pues el momento había llegado, acabamos de cruzar la frontera de los 100Km y nos quedan todavía la friolera de 70Km. ¡Casi ná!

Llegados a este punto mentalmente cambiamos la forma de contar los kilómetros. Pasamos de medir los que llevamos a medir los que nos quedan. Esto no hace que nos quede menos distancia o esfuerzo pero es un truquillo simple para engañar a la mente y funciona muy bien :-).

Delante nuestro tenemos la bajada más larga de la carrera, casi infinita…20Km por delante que se hacen, para mi al menos, más duros que la reciente subida. El castigo infligido a piernas y pies en esta bajada es muy importante por lo que, siempre con política conservadora, decidimos andar a ratos lo que nos permite ahorrar esfuerzos que seguro que agradecimos después.

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Casi llegando a La Fouly comienza despedirse el sol de nosotros. Hoy Lorenzo ha apretado de lo lindo pero ello no ha sido un gran obstáculo para nosotros acostumbrado a correr en días incluso más calurosos. Ahora nos toca volver a sacar el frontal para adentrarnos en la desconocida, por ambos, segunda noche de carrera. Me viene a la mente la primera noche donde salvo un momento a las 5:00h la había pasado sin problema con el sueño gracias a David pero esta segunda ¡Bufff! ¿Quien sabe como se comportará el cuerpo?

Han pasado ya 8 horas desde que salimos de Courmayeur y el pie, que hasta ahora me ha había dejando tranquilo, vuelve a quejarse, está claro que el efecto del ibuprofeno se está pasando. Aprovecho para llenar bien el estomago en el avituallamiento y me tomo otro ibuprofeno. ¡Mano de santo! Pocos kilómetros después el pie vuelve a quedarse en silencio.

Llegamos a Praz de Fort. Un pueblo pequeño donde nos encontramos unos vecinos que están haciendo en su jardín una barbacoa regada con abundante cerveza mientras los corredores pasamos a su lado con cara de envidia, para que negarlo ;-). Un poco más adelante en otra casa nos encontramos una agradable sorpresa, una familia más solidaria que la anterior, ha puesto un avituallamiento con café y te calentito en su propio porche. Con el calor que hemos pasado durante el día ahora la temperatura ha bajado considerablemente y se agradece mucho el detalle. El avituallamiento es servido por los niños de la casa que disfrutan de ofrecerte ese pequeño vaso lleno de vida. A estas alturas este detalles se agradecen de sobre manera, ese té me supo a gloria y me sentó todavía mejor.

Después de toda la carrera con el cielo despejado a la salida de Praz de Fort comenzamos a ver como el cielo y las cumbres de las montañas que nos rodean se llenan de nubes negras. ¡Que mala pinta tiene esto!. Poco después las nubes comienzan a intercambiar rayos entre ellas que lo iluminan todo, por segundos parece que se hace de día. El resultado es un escenario estremecedor donde la naturaleza te recuerda lo poquita cosa que eres frente a ella. Los rayos cada vez caen con más frecuencia y comienzan a caer gotas, paramos y decidimos ponernos los chubasqueros todo apunta a que nos mojaremos. En este momento coincidimos con otro español y nos comenta que no es prudente seguir con esta tormenta. Que el ha estado en otras carreras donde por mucho menos la organización ha decido suspender la misma al no poder garantizar la seguridad de los corredores en la montaña. Cierto que el panorama asustaba, pero ninguno de los dos lo vimos tan mal como para suspender la carrera. En fin nos dio la sensación que era casi más un deseo como justificación para abandonar en el siguiente control que una realidad. Afortunadamente cuando llegamos al control la organización no dice nada al respecto. Vía libre, por tanto, para continuar.

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¡Bien! Por fin llegamos al final de la bajada, han sido casi 3 horas de continua bajada, incluso más tiempo de lo que han durado muchos entrenos de este año :-P. Ahora ¡Por fin! toca subir durante 3 kilómetros para llegar a Champex-Lac. Las luces del pueblo arriba de la montaña delatan donde está nuestra próxima meta.

Son las 0:35h y entramos en Chapex-Lac con 1h:54m sobre el tiempo de corte. Como había estimado ahora en cada control ganábamos tiempo al corte. Además según la pantalla que había en el avituallamiento habíamos conseguido adelantar 351 corredores desde Courmayeur. ¡Que subidón! La posición en la clasificación final nos da igual pero el hecho de estar las últimas horas continuamente adelantando corredores, para que negarlo, es un refuerzo positivo de que el planteamiento de carrera que estamos realizando esta siendo el correcto y ello nos motiva para seguir.

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En la entrada al avituallamiento esta mi padre esperándonos. En Courmayour le había dicho que estuviera en este avituallamiento por si necesitaba hacer cambio de ropa de cara a la noche o cambiar algo del material pero una vez allí estimé que lo que llevaba era suficiente para intentar acabar. Para llegar ahí el pobre se tuvo que tragar dos horas de coche bajo la intensa lluvia que caía en todo el valle de Chamonix y luego una buena espera en Champex. De nuevo, como ya dije antes el valor del acompañante es incalculable. Si la entrada a meta siempre es un momento muy emotivo después de tantas horas de esfuerzo el hacerlo conjuntamente con la persona que te ha dedicado todo su tiempo en exclusiva durante casi dos días es la ostia. Gracias a la organización por entenderlo, apoyarlo e incluso fomentarlo.

Dado que en este avituallamiento estaba permitido a los acompañantes entrar a la zona de corredores hicimos aquí la segunda parada larga de la carrera. Fueron casi 30 minutos donde mi padre nos puso al corriente de las penurias que habían pasado los corredores que iban por delante nuestra. La tormenta, afortunadamente para nosotros, no nos pillo de lleno pero a los corredores que iban unas horas por delante nuestro les cayo lo más grande, lo que provoco que algunos tuvieran que abandonar por hipotermia. Que jodida es la montaña, por el día te asas de calor y unas horas después estas congelado. Hasta el mismo Chamonix llego la tormenta donde cayo una buena…

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Costo salir de Chapex-Lac, en la carpa se estaba calentito y fuera nos esperaba el frío y tal vez la lluvia en proporciones épicas. Afortunadamente cuando nos pusimos en marcha no llovía, aunque el cielo plomizo no auguraba nada bueno. Rodeamos el lago que da nombre al pueblo y poco después nos volvimos a encontrar en medio del monte solo alumbrados por el foco de nuestro frontal y con 10Km por delante para salvar otros 810m de desnivel.

De la meta nos separaban 45Km y tres subidas que mirándolas en el perfil de la carrera parecen más asequibles que todas la que hemos subidos anteriormente. Aun así mi experiencia me recordaba que el perfil de esta última parte de la carrera no reflejaba la realidad del terreno. Tal vez sea por el cansancio acumulado pero estas tres últimas subidas se hacen duras. En este punto es donde la ventaja de conocerte el terreno ayuda bastante y ese as lo tenía en la mano. 😉

Al poco de salir vamos subiendo por un sendero despejado y David me pregunta:

– ¿Quieres que te cuente una mala noticia?

– Pienso: ¿Una mala noticia?… ummmm…Por supuesto cuéntamelo, sea lo que sea mejor saberlo 🙂

-¿Ves esas luces en el cielo?

-Si, parecen estrellas, pero que raro está nublado.

-Si, eso parecen pero no, son frontales de corredores que llevamos delante.

-No me jodas. ¡Hasta ahí tenemos que subir!

-Sí, hasta ahí al menos, no se si ese es el final de la subida.

-Jajaja pues nada, vamos para allá.

Todo el mundo comenta que es habitual, debido al cansancio acumulado, en la segunda noche tener visiones o alucinaciones. Lo sentidos y la mente ya agotados te terminan por jugar malas pasadas. En mi caso también tuve mi ración pero visto lo que les pasa a otros corredores las mías fueron bastante “light” ;-). Las raíces y piedras que estaban en el camino tenían barro de las pisadas de los otros corredores que habían pasado anteriormente por ahí. Yo iba andando mirando al suelo para evitar tropezar y todas las raíces y piedras me daban sensación que estaban escritas, jajaja, lo se,  una tontería pero es lo que veía, mejor dicho lo que mi cerebro componía. Al principio me resulto extraño que la gente de esa zona se dedicara a escribir texto en estos soportes tan particulares pero no tenía yo la mente para muchos pensamientos profundos y termine por hacer lo más fácil: no le mayor importancia y seguí avanzando viendo piedras y raices escritas. Al cabo de unos minutos, que no fueron pocos, tuve la claridad para reflexionar que vaya tontería estaba creyendo ver. ¿Como iban a estar las piedras y raíces serigrafiadas? Así que me esforcé en intentar leer el texto en una de ellas y entonces sí, me di cuenta que no ponía nada ¡Era solo barro! :-P. Ello no me evito continuar viendo estas alucinaciones durante toda la noche hasta que salió el sol pero desde este momento ya no le dí más importancia al asunto.

Fuimos toda la subida hablando y a pesar de lo alto que se veían los frontales al comienzo de la misma, de nuevo, esta subida se nos hizo corta aunque necesitamos casi tres horas para recorrer sus 11,5 kilómetros con 820m de desnivel. Una vez arriba 5Km de bajada para llegar a Trient, una bajada complicada, como todas por la pendiente que tenía, pero que no recuerdo especialmente dura.

Entramos en Trient a las 5:15h de la madrugada después 35h:15m de carrera habiendo recorrido ya 142Km y dejando el tiempo de corte ya en 3h:35m, en este último tramo hemos conseguido meter más de una hora y media a la bolsa. Llegados aquí ya hemos superado ambos muy ampliamente nuestro récord de kilómetros en carrera y sorprendentemente seguimos muy enteros fisicamente pero incluso mejor mentalmente. Seguimos avanzado como un gran equipo sin fisuras y empujando el uno al otro y sentimos que da igual lo que nos ponga por delante, podemos con todo. A estas alturas tener esas sensaciones simplemente no tiene precio.

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A la entrada del avituallamiento hay de nuevo una carpa de Petzl donde personal de la marca te cambia las pilas al frontal, sea de la marca que sea, de manera gratuita. Esta vez aprovechamos el servicio para terminar las horas de noche que nos quedan con la luz del frontal a máxima potencia.

En los últimos kilómetros el pie ha vuelto a comenzar a quejarse. Mirando el reloj veo que han pasado unas ocho horas desde el último ibuprofeno así que aprovecho la parada para tomarme el tercer y ultimo ibuprofeno. La parada en este avituallamiento fue bastante rápida ya que no queríamos quedarnos fríos ni arriesgarnos a que nos diera un bajón al permanecer parados mucho tiempo. Comemos y bebemos de manera ligera y nos ponemos de nuevo en marcha.

Una vez salimos de Trident me viene un pensamiento a la cabeza que en cierta medida intento ignorar: ¡Vamos a ser Finisher! Todavía quedan 28Km y muchas horas pero la intuición me dice que con las sensaciones que tenemos alcanzar la meta en Chamonix es muy objetivo asequible.

Como viene siendo habitual después de cada avituallamiento comenzamos de nuevo a subir. Por delante tenemos 5Km con otros 820m positivos de desnivel. Son cerca de las seis de la mañana y llevamos casi una hora subiendo. Llevamos unos minutos en silencio y comienzo a notar que el temido sueño me vuelve a acechar. Una pena porque ya me había hecho la ilusión que esta noche me libraría pero parece que va a ser que no. Sigo andando intentando concentrarme en no cerrar los ojos pero imposible, poco a poco el sueño va ganándome la partida. Continuo andando pero en un momento se me cierran los ojos y termino pisando fuera del camino. David inmediatamente me grita:  ¡Paco, a donde vas! y me mete de nuevo en el camino. El susto que me dio David con su grito me sirvió para despertarme definitivamente hasta que pocos minutos después un nuevo día comenzó a amanecer. Me parece increíble pero he conseguido, a pesar de las minicrisis, superar las dos noches sin dormir. Lo que queda absolutamente claro es que sin David, que me sacó de los dos momentos críticos de sueño y me mantuvo despierto durante las dos noches dándome conversación no se si hubiese acabado esta carrera. ¡Vaya pedazo compañero! ¡Que suerte la mía! :-).

Con las primeras luces del día la segunda noche queda atrás y disfrutamos de un magnifico amanecer donde de nuevo podemos admirar la grandiosidad del entorno que nos rodea.

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Poco más de dos horas nos lleva esta penúltima subida. Aunque a estas alturas de la carrera nuestro ritmo es relativamente lento, aunque eso si sigue siendo constante y sin paradas, durante la subida continuamos adelantando corredores. Llegamos arriba y seguimos con fuerzas, contentos y con ganas de más. Ni en nuestros mejores sueños hubiéramos pensado llegar así a esta altura de la carrera.

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Ahora toca afrontar otra bajada de estas destrozadoras de cuádriceps y pies. La bajada es mayoritariamente por pista, por lo que técnicamente es fácil pero ¡Madre mía que pendientes!. Cuando, por fin, lleguemos a Vallorcine nos quedará una última subida muy exigente a La Tête aux Vents. No tiene sentido bajar rápido ahora, decimos una vez más ser prudentes y hacer una bajada tranquila buscando cargar lo menos posible las piernas. Consecuencia de ello es que nos vuelven a adelantar algunos de los corredores que superamos al final de la subida. Tenemos claro nuestro objetivo y estrategia y les dejamos pasar sin picarnos aunque nos cueste dejarles ir porque había fuerzas para seguirles.

Son las 8:50h de la mañana, llevábamos casi 39h y 152Km cuando entramos en el avituallamiento de Vallorcine con 2:30h sobre el tiempo de corte. En este último tramo hemos perdido tiempo de colchón pero nos da igual estamos eufóricos. Llegados aquí, ahora si, sabemos que vamos a terminar, que vamos a ser finishers. Tenemos ocho horas para completar los últimos 18km, tiempo más que de sobra aunque fuéramos muy tranquilos. Comemos sin prisas pero sin parar mucho tiempo y así con ganas y supermotivados nos ponemos de nuevo en marcha buscando el tramo final.

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Antes de comenzar a subir a La Tête aux Vents hay un tramo largo de enlace en el cual vamos hablando animosamente destacando lo increíble que es ir a estas alturas de carrera con tan buenas sensaciones. Tenemos ante nosotros la subida más técnica de la carrera llena de escalones de piedra pero nos da igual sentimos que podemos con eso y mucho más.

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Al poco de empezar a subir nos alcanza un corredor que lleva haciendo la goma con nosotros desde hace tiempo. David se pica y dice en alto “Esta vez no nos va a pasar”, inmediatamente me viene un único pensamiento a la cabeza “Llevamos más de150Km y 9.000m+, estamos subiendo la última y dura subida de la carrera y tenemos ganas de darle caña ¡Que pasada acabar así!”. Dicho y hecho nos ponemos a subir rápido, el hombre se nos pega atrás pero ni pide paso ni intenta meter pierna ;-), el ritmo que esta poniendo David no permite intentar adelantamientos. Durante la subida adelantamos a una familia compuesta de padre y dos chicas. La chica mayor también se pica y se une al grupo, vamos los cuatro subiendo a buena cadencia y adelantando a corredores. La chica aguanta durante unos dos kilómetros y comienza a ceder. David no para y sigue a ritmo y nosotros dos detrás. Llegamos arriba los tres juntos después de haber adelantado a 33 corredores en los 4Km con 700m+ que tenía la subida. Vaya lujo poder permitirse estos ritmos a estas alturas. Paramos para sacarnos una foto con el gran MontBlanc de fondo. La cara lo dice todo, que poquito nos queda para cruzar ese arco que dejamos en Chamonix hace dos días.

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Desde que coronamos La Tête aux Vents hay un tramo de falso llano de 3Km hasta el último control de La Flégère. Como hace dos años el terreno lleno de piedras sueltas hace que el avance sea lento y la impaciencia por llegar a La Flégère hace que este tramo se nos haga muy pesado pero llegamos y la alegría al entrar en el último control es evidente. ¡Lo tenemos!

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Solo nos quedan 7Km de bajada a Chamonix. Dura sobre todo al principio de nuevo por la excesiva pendiente pero ahora que ya no tenemos que reservar corremos todo el rato. La primera parte de la bajada es por pista pero pronto entramos en el bosque y bajamos rápido por un precioso sendero lleno de raíces, piedras y barro que nos lleva al Chalet de la Floria, un bar con unas vistas impresionantes del MontBlanc a menos de 3km de Chamonix. La carrera pasa por la terraza del local.

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Fue llegar al Chalet y de nuevo una cascada de emociones se apodero de mi. Cuando hace dos años pasé por aquí con Felix en la CCC no pudimos parar y desde entonces nos prometimos que cuando viniéramos a correr la UTMB si consiguiéramos llegar hasta aquí pararíamos a tomarnos una merecida cerveza. Lamentablemente esta vez Felix no pudo estar aquí fisicamente, pero si estuvo presente en alma cuando daba el primer sorbo a esa cerveza fría, muy fría, que supo a gloría.

¡¡¡¡Esta va por ti Felix!!!!

Diez minutos  estuvimos allí parados disfrutando de este merecido premio mientras que por la terraza iban desfilando los corredores que poco antes habíamos adelantando. Me gustó el comentario de uno que al verme con la cerveza en la mano exclamo: “¡A beer! ¡You are the boss!” 😀

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En el chalet me esperaba también mi padre que había subido andando desde Chamonix para acompañarnos corriendo los últimos Km de la carrera. Unos últimos kilómetros especiales que se hacen largos y cortos a la vez. Largos porque estas deseando cruzar por fin la ansiada meta. Cortos porque sabes que el sueño que te ha motivado los últimos años está llegando a su fin.

Llegamos a meta poco antes de las 14h. Una muy buena hora porque Chamonix está muy animado. Los últimos metros son impresionantes, entre la emoción que uno lleva dentro por la magnitud del reto conseguido y el numeroso público que aplaude igual que si fueras el ganador se crea un atmósfera indescriptible acrecentada, además, por el hecho de poder entrar de la mano con tu gente que también se han esforzado y sufrido para que hoy estuviéramos entrando bajo el increíble arco de meta del UTMB. Son momentos de euforia que recordaremos toda nuestra vida.

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Y todo acabó, han sido 44h para completar los increíbles 170Km rodeando el MontBlanc ¡Somos Finishers del UTMB! algo que tan solo unos meses antes habitaba en el mundo de los sueños ahora es una realidad.

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Horas después de terminar la carrera es cuando comienzas a asimilar la locura que has logrado completar y todo el esfuerzo y tiempo que ha sido necesario para tamaño empresa. A pesar de estar casi dos días seguidos corriendo cuando estas en ello todo pasa muy rápido. Solo piensas en lo que te toca vivir en ese instante, nunca en lo pasado y menos en lo que te espera por delante, solo disfrutas del momento, pura lección de vida. Ahora comodamente sentado en un banco de una abarrotada plaza de Chamonix comienzas a recapitular la cantidad de experiencias únicas que has acumulado. Ha habido buenos y malos momentos pero no tengo ninguna duda, los buenos han superado ampliamente a los malos. Cuando leo en muchos blogs lo sufrido y complicado que ha sido llegar a Chamonix y comparas con lo bien que llegamos nosotros me reafirmo en que nuestro ritmo fue perfecto para cumplir con nuestro objetivo. Muchos corredores entraron antes de nosotros, algunos incluso muchas horas por delante, pero terminar disfrutando hasta el último metro es lo que yo busco ahora en este tipo de aventuras y eso conseguimos cumplirlo de pleno. Aunque salimos de Chamonix a mitad del pelotón, o eso nos pareció, llegamos al  primer control en posición 2.191 (de 2.550 corredores que tomaron la salida). En una carrera que meteorológicamente por el calor fue dura (42% de abandonos) conseguimos realizarla siempre de menos a más y finalmente llegamos a meta el 1.071. Adelantamos 550 corredores en los primeros 80Km hasta Courmayeur y otros 570 hasta meta después. En todo momento tuvimos buenas sensaciones y las necesarias fuerzas para avanzar. Tanto que, aunque sinceramente estábamos deseando llegar a meta, si hubiera sido necesario correr más kilómetros no tengo duda de que los hubiéramos hecho sin mayor problema y por supuesto con una sonrisa en la cara como el resto de la carrera. Esa actitud nos permitió disfrutar de cada unos de esos 170Km que nos han dejado de alguna manera marcados de por vida. ¿Pudimos haber corrido algo más rápido? Seguramente pero la respuesta correcta a esta pregunta sería ¿Para qué?.

Otra cosa que me quedo clara es que la experiencia es un grado. La actitud y el ritmo no son otra cosa que la consecuencia de foguearse durante años en pruebas de menor entidad para llegar a conocerse uno mismo y aprender a positivizar cualquier situación. También se ha notado, con Pez a la cabeza, los buenos maestros y compañeros que he tenido estos años y que tanto me han enseñado. Todo ello me ha permitido forjar una experiencia que ha resultado imprescindible para afrontar este reto preparado física pero sobre todo psicológicamente.

Y por último pero no menos importante la compañía de David. A pesar de haber entrenado bien y tener la experiencia ganada durante los últimos años lo que te aporta un buen compañero en una aventura tan larga no tiene precio. Ya he contado como tiro de mi durante las noches y como consiguió mantenerme despierto en los peores momentos donde el sueño intentó vencerme pero su ayuda no solo se quedo ahí. Durante el resto de la carrera el entendimiento entre ambos fue completo lo que hizo que fuera un placer compartir tantas horas juntos. Solo diré una cosa más, llegue a la meta casi sin voz y así estuve los siguientes dos días después de casi no parar de hablar durante las 44h que estuvimos corriendo. No se decir de que hablamos tantas horas pero mientras el resto de los corredores iban callados nosotros éramos autenticas cotorras que no parábamos de ejercitar las cuerdas vocales además de las piernas  :-D.  Gracias David.

¡¡¡Ahhh!!! ¿Y mi tobillo? pues no muy mal tras una paliza de tantos kilómetros. Después de la carrera durante poco más de una semana estuve con el pie que me dolía al apoyar, fue al fisio y no le dio mayor importancia solo me dijo que reposara y se curaría solo y así fue. Desafortunadamente cuando me dejo de doler volvió a aparecer las molestias de mi ya compañera de vida la fascitis que ahí sigue más o menos igual así que me toca seguir conviviendo diariamente con ella. En cualquier caso mientras me deje seguir corriendo, en fin, que no me quejo mucho… eso sí  estoy deseando que en algún momento nuestros caminos se separen. 😉

¿Y ahora que? Pues ahora todo. Este era un hito al que soñaba llegar desde hace años pero nunca lo vi como un punto y final. Esto nunca podía ser un punto final, solo un punto y aparte hacia nuevas aventuras, nuevos retos y en definitiva nuevos sueños que llegarán. Después del terminar el UTMB he estado más de un mes parado pero más por cabeza que por piernas. Necesitaba relajarme, no sentir obligación de correr, en fin como siempre después del gran reto anual descansar a nivel psicológico. Ahora cuando termino de escribir este texto dos meses después de la carrera ya estoy deseando ponerme nuevos retos que me motiven. De momento los Alpes, si la suerte de un sorteo me acompaña, vuelven a estar en el camino…..