Disfrutando un sueño: UTMB(Parte 1 El camino)

¿Hemos vencido a un enemigo? No, solo a nosotros mismos. ¿Hemos adquirido fama? Aquí eso nada significa. ¿Hemos conquistado un reino? No y si. Hemos logrado una satisfacción extrema, cumplido un destino, luchar y entender y nunca lo último sin lo primero. Esa es la regla.

                                                      George Mallory. Después de descubrir por primera vez los Alpes y subir sus cumbres. Se dice, todavía hoy no hay pruebas concluyentes, que fue el primer hombre, junto a Andrew Irvine, en coronar el Everest en 1924.

 

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Cuando leí la cita de Mallory sobre los Alpes me sentí inmediatamente identificado con ella y con el sentimiento de respeto que emana hacia la montaña. Todo asalto a un cumbre es un gran reto personal. Un reto en el que un insignificante humano mide fuerzas frente a la grandiosidad de una montaña. Un reto lleno de incertidumbre porque cuando se inicia nunca sabes como va a desarrollarse. La caprichosa montaña dispone de muchos recursos para hacer que la subida más fácil se convierta en extremadamente complicada. Nunca una preparación minuciosa puede garantizar el éxito, pero la ausencia de la misma prácticamente garantiza el fracaso. Cuando el reto no se limita a subir una montaña sino una sucesión de cumbres alpinas a lo largo de 170Km el reto escala a cotas mucho mayores. Y tal como decía Mallory “luchar y entender y nunca lo último sin lo primero”. Toca prepararse para luchar, luchar y luchar para poder “entenderse” con esa sucesión de cumbres y tener alguna opción, nunca la seguridad, de salir indemne del enfrentamiento.

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Allá por el mes de enero, poco después de confirmar la inscripción, la organización del UTMB nos mandaba a los participantes un correo que me encantó y que creo resumen muy bien la filosofía del evento:

Sobre el Mont-Blanc se escriben tantas historias como zapatillas de running ve pasar. Todos los corredores recorren los mismos senderos pero cada uno tiene sus propias motivaciones, sus propios sentimientos, sus propias experiencias, su propio camino para llegar aquí y su propia manera de apreciar una aventura que es a la vez única, personal pero también compartida.

Algunos estarán allí para hacer algo ‘grande’. Otros se ponen a prueba en una de las distancias propuestas (100 millas, 100 kms, 50kms …) comparten un desafío deportivo entre amigos. Ella corre por el sentimiento de libertad que eso proporciona, pero también para que el mundo sea más solidario. Él celebra sus 60 años y una forma física reencontrada gracias a una ‘segunda vida deportiva’. Otro se sorprende un poco cada día de lo que su cuerpo es capaz…
¿Y a ti? ¿Qué es lo que te motiva?

¡Vaya pregunta! Tal fácil y tan difícil de contestar a la vez, son tantas cosas. En mi caso la motivación principal es el propio reto en si. Ver hasta donde la ilusión, la motivación, las ganas pueden llevar a un cuerpo atléticamente modesto – vamos, del montón- hasta la meta. Hace pocos años ni siquiera podía imaginar que se pudiera hacer una cosa así y ahí estaba en enero del 2016 con la inscripción confirmada para probar si era capaz de terminar un reto de esa envergadura. Ya no había lugar a la marcha atrás. Este era el año.

Las palabras dureza, sufrimiento, límite o extenuación son las reinas de todo relato que se precie del UTMB, sin embargo estas palabras afortunadamente aparecerán poco por este relato. La idea con la que me había imaginando mi carrera y que os adelanto que conseguí cumplir :-),  era, como viendo siendo habitual, disfrutar al máximo del magnifico escenario donde se desarrolla la prueba. Para ello era clave ir de menos a más olvidándose en todo momento de tiempos y posiciones. Así que había que salir tranquilo para llegar al final, si fuera posible, con las suficientes fuerzas como para poder seguir disfrutando. Difícil tarea esta ya que la incertidumbre de como se comportaría mi cuerpo a partir de los 120Km (distancia máxima que hacia recorrido en carrera) hacía que estuviera inquieto ante lo que se me venia encima.

Unos días antes de viajar a Chamonix me enteré que David, un conocido del grupo de corredores de Alicante y ahora un gran amigo, también iba a debutar en el UTMB. Nos pusimos en contacto y el hecho de hablar con alguien con las mismos miedos e inquietudes creo que nos permitió a ambos calmar bastante los típicos nervios antes de la carrera. De lo que no era consciente en este momento es de lo importarte, diría que hasta definitivo,  que iba a ser este suceso para el devenir de la carrera. De nuevo se repetía la historia del CCC, donde termine corriendo con Felix, cuando unos pocos meses antes ni siquiera nos conocíamos.

La preparación para el UTMB ha sido complicada porque desde enero me lleva acompañando una temida fascitis plantar. Una lesión que no me ha impedido entrenar, la verdad, y con la que he conseguido convivir bastante bien. En cualquier caso siempre me mantenía preocupado acerca de como iba a evolucionar. A falta de tres semanas para el UTMB las molestias que tenía comenzaron a cambiar, se desplazaron del comienzo de la fascia hacia el lateral interno del pie. Pude seguir corriendo estas últimas semanas pero estaba bastante mosqueado con el tema. El nuevo dolor me estaba obligando a cambiar algo la pisada lo me que daba miedo por las consecuencias que podría traer y que llegaron a falta de cuatro días para el gran evento.

Con las maletas ya hechas y solo pensando en volar a Chamonix me levanto el martes con un dolor en el pie izquierdo que me impide incluso apoyar el pie. Pienso en que ya aparecen los típicos dolores fantasmas previos a cualquier gran evento y que luego se difuminan sin mayor consecuencia. Pero no, este es diferente, el dolor no es igual a los que he vivido otras veces, pasan las horas y el dolor sigue ahí presente. Comienzo a inquietarme y mucho. Hablo con Pez intentando buscar la calma que el siempre transmite y ver si me puede aconsejar un físio. Me dice que no me preocupe y que el tiene cita hoy con el físio y me la cede. Si hay alguien al que tengo que agradecer todo lo que he disfrutado estos últimos años corriendo en la naturaleza este es Pez. Un ejemplo de todo lo que me gustaría ser de mayor. Pasional, comprometido y siempre, siempre positivo. Viendo y destacando siempre lo bueno por delante de todo lo demás. Todo ello unido a un gran atleta, aunque el no lo reconozca, que nos ha ido abriendo camino a muchos demostrándonos que todo lo que queramos hacer es posible, no fácil, nunca regalado pero si posible. Un ejemplo claro que cuando realmente se quiere y se disfruta recorriendo el camino sin poner más foco del imprescindible en el objetivo final se puede llegar disfrutando de cada paso y cumplir con la meta.

Así que gracias a Pez me presente el martes a ver Pasqui, el fisio, para que me revisara ese pie izquierdo rebelde. Diagnostico: fascitis parece que curada, fascia normal, pero inflamación de los músculos que mueven del dedo gordo del pie. Me pone un vendaje ya que no tiene sentido trabajar sobre la zona a tres días de la carera. Me enseña como hacerlo, por si necesito sustituirlo y me tranquiliza diciéndome que no es muy grave, y por supuesto que salga, lo intente y si duele pues ibuprofeno.

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Con el vendaje puesto el pie me sigue doliendo pero algo menos y una cosa tenga clara, no me quedaré con la duda. El viernes estaré en la salida, saldré y ya veremos que pasa. Conforme van pasando los días el pie va mejorando levemente pero el dolor nunca llega desaparecer. Me da la sensación que aunque la cosa mejora, me van a faltar unos pocos días para llegar sin dolor a la salida. Dos días más me hubiesen venido de perlas, pero el viernes a las 18:00h sale irremediablemente la carrera, no hay tiempo para más.

Llega el jueves y con un magnifico amanecer nos despide el Mediterráneo antes de salir camino del avión que nos debe llevar a Chamonix, el centro mundial del Ultra-Trail. Siempre me ha costado madrugar pero el privilegio de poder disfrutar de este espectáculo de degradados de colores en el cielo, a los que la foto no llega a hacer justicia, siento que presagia cosas buenas. Me quedo unos minutos mirando al horizonte y pensando en que ha llegado este momento tan largamente esperado. ¡Nos vamos a Chamonix!20160825_064913

Pero no, no me voy solo. Acompañándome viene mi padre que me hará labores de soporte durante todas las horas que dure la carrera. Una figura, la del acompañante, a mi parecer poco reconocida pero de vital importancia. El foco se centro demasiado en los corredores pero sería injusto no reconocer lo que los acompañantes hacen de manera totalmente altruista. Los que corremos estamos ahí disfrutando de un sueño, nuestro sueño, pero ellos están ahí simplemente por amor y/o amistad con el que corre. Y por ello son capaces de tirarse horas esperando a sus corredores en los avituallamientos, preocupados por saber cuando llegaremos o ir de avituallamiento en avituallamiento ya sea de día o de  noche, esté apretando el sol o lloviendo, este el avituallamiento más cerca o muy lejos. Y después de toda esa paliza cuando llegamos y nos ven nos esconden todas esas horas de angustiosa espera y solo tienen palabras de apoyo y ánimo. Lo dicho un GRACIAS muy grande para ellos. En mi caso mi padre fue un apoyo estupendo, ahí estuvo en todos los puntos que habíamos acordado para ayudar en lo que fuese necesario. La paliza que se pego durante dos días no tuvo nada que envidiar a la mía. En Chamonix ambos fuimos finishers pasando juntos por debajo del arco de meta, era lo justo.

Poco antes de llegar a Ginebra, el piloto nos informa que si miramos a nuestra derecha podremos admirar el MontBlanc. Me asomo y se me ponen los pelos de punto de pensar que en 36 horas estaré subiendo y bajando todas esas montañas que ahora desde el avión parecen pequeñas pero que a buen seguro desde tierra parecerán auténticos colosos.

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Una vez aterrizamos cogemos el coche de alquiler y nos dirigimos a Chamonix. En la carretera de nuevo el MontBlanc haciendo acto de presencia, demostrando que domina estos valles y dejándonos claro que durante los cuatro próximos días estará muy presente en nuestra vida.

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Llegamos a Chamonix. Decido repetir el mismo hotel que en la CCC, muy justito en cuanto servicios y caro pero excelentemente situado. Tiene 50 habitaciones y me van a dar exactamente la mismo habitación que en la CCC, ya es casualidad :-). Tampoco me quejo, habitación pequeña pero con vistas directas ¿A que no adivináis a donde? Por supuesto al omnipresente MontBlanc.

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Después de comer decido ir a por el dorsal, cuanto antes mejor, mañana solo quiero descansar y me esperaba que hubiera bastante colas, pero no ¡Sorpresa! solo tengo cuatro corredores delante mía y 5 minutos después ya he pasado el control de material y tengo el dorsal en mis manos. Cada vez más cerca de la mítica salida del UTMB, solo quedan 24 horas y tengo todos los deberes hechos, solo queda descansar y tratar de recuperar el pie lo mejor posible.

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Después de unas compras, difícil resistirse en la completa feria del corredor, quedo con David para hablar de la carrera intentando calmar los nervios que aunque todos intentamos disimular irremediablemente nos acompañan en nuestro interior.

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Y amaneció el día de la carrera. Si, por fin llegó. Después de meses de imaginar como sería ese día y ahora ya era real. El día había llegado, tocaba intentar estar tranquilo y descansar hasta las 18h cuando se daría la salida a esta gran aventura. El pie todavía me molestaba, pero había mejorado bastante. ¿Como se comportaría durante todas las horas que durará la carrera? Todo una incógnita que no descubriré hasta que comience la fiesta.

A las 17h quedé con David para colocarnos en la salida y compartir esos primeros momentos juntos. Es importante no llegar muy tarde para no salir muy atrás. Al entrar en la zona de salida vemos que incluso llegando una hora antes estamos muy atrás ¡No vemos el arco de salida! Joder vaya decepción. Hablando con un chica francesa, de padres españoles, que esperaba juntos a nosotros nos comenta que estemos tranquilos que la gente de delante está sentada esperando y los “elite” tienen un box más amplio para ellos. Unos minutos antes de la salida la gente se levanta y se abre el box de los “elite” por lo que nos acercaremos a la salida. Afortunadamente es tal como nos lo ha avanzado y diez minutos antes de la salida nos encontramos, cerca, muy cerca del arco de salida. ¡Que nervios!

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Por los altavoces comienzan a recordarnos en francés que somos unos privilegiados. Que nunca olvidemos durante todas las horas que nos esperan por delante donde estamos, lo que nos ha constado estar ahí y en resumen que disfrutemos del momento respetando el privilegiado entorno donde se disputa la prueba. Repiten el mismo mensaje en varios idiomas y comienza a tronar por todos los bafles de la plaza “Conquest of Paradise” de Vangelis. Banda sonora intimamente ligada al UTMB y que en mi opinión transmite claramente el gran reto que se nos viene encima a todos los que ahí estamos. Cualquier aficionado al Ultra-Trail al oir esta banda sonora le aparecen imágenes de la plaza de Iglesia de Chamonix repleta de corredores dispuestos a enfrentarse a una prueba que alguna u otra manera les marcará para siempre.

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Estos minutos antes de la salida son muy especiales, durante años he visto la salida y me he imaginado algún día estar ahí y ese momento ha llegado.

El instante es mágico y sigo emocionándome al recordarlo escribiendo estas palabras. En un momento me giro hacia David y veo que la emoción ha podido con un tío duro como el y le caen algunas lagrimas. Si ya estaba yo emocionado eso me termina de rematar, no soy de lágrima fácil pero internamente estoy sobrepasado emocionalmente. Solo cada uno de nosotros sabemos lo que nos ha costado llegar ahí. Un camino que innegablemente hemos recorrido gustosos pero que ha sido de muchos años y ha estado lleno de sacrificios, tanto nuestros como de los que nos rodean para llegar a culminar ese sueño que estamos comenzando a vivir. Me viene a la mente todo lo correteado por las montañas tanto en carreras como en entrenos. Todas esas cimas conquistadas, todas esas horas dedicadas y todos esos buenos y malos momentos que me han permitido crecer lo suficiente como corredor como para atreverme a embarcarme en esta aventura.

Y por fin, puntualmente,  se da la salida y empezamos a correr. Ya solo nos quedan 170Km de disfrute para volver a entrar de nuevo bajo este arco que hoy nos despide. Solo un pensamiento recorre mi mente: Ojalá esté a la altura de la montaña que nos va a acoger los próximos dos días y por tanto sea justo merecedor el domingo de volver a cruzar el mismo arco que hoy nos despide.

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Continua…..Disfrutando un sueño: UTMB (Parte 2 La carrera hasta Courmayeur)

 

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3 pensamientos en “Disfrutando un sueño: UTMB(Parte 1 El camino)

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